Fecha: 30/12/2007
Alta Fidelidad (www.faustoponce.com)
Reseña
Dirigida por Alfredo Gurrola, y escrita por Reyes Bercini y Jorge Patiño, Llámenme Mike (México,1979) es una genial historia detectivesca de humor negro, en donde el mundo de un policía judicial corrupto se ve trascocado después de una terrible golpiza que le propinan en la cárcel.
Dicho incidente convierte a Miguel (Alejandro Parodi) nuestro antihéroe, en el famoso detective de Mike Spline: su héroe, Mike Hammer.
Miguel, quien por cierto vive con su madre, forma parte de un grupo de policías judiciales corruptos (obviamente) encabezado por O’Hara (un genial Víctor Alcócer). Luego de un decomiso de cocaína (en el cual la droga desaparece), O’Hara le pide a Miguel que, por la amistad que ambos han llevado, se sacrifique por todos y declare su culpabilidad, sin importar quién tiene la culpa. Total, en seis meses MIguel saldrá de la cárcel y se reincorporará a la policía con honores y toda la cosa.
Sin embargo, existe una cargada del gobierno por deshacerse a toda costa de los policías corruptos, así que el destino de Miguel no pinta nada bien. Y peor aún, cuando en la cárcel lo visitan aquellos villanos que él metió a dicho recinto (atropellando sus derechos humanos), la cosa se pone seria: Son ellos quienes le propinan una tremenda golpiza que lleva a Miguel al hospital, en donde le hacen una intervención cerebral para salvarle la vida.
Al salir, es claro que Miguel no está bien de sus facultades mentales: Se la pasa diciendo que hay un complot comunista que amenaza con acabar con los valores del mundo libre, y que él será el encargado de descubrir a los responsables, al tiempo que descubre quiénes fueron los que lo han traicionado.
Así pues, cuando O’Hara llama a nuestro protagonista con su diminutivo usual, Miguelito, el susodicho responde: “Miguelito es el ratón, llámame Mike”.
Sin quererlo, Miguel se ha enrolado en una cruzada quijotesca por acabar con los malos y con el sistema corrupto que lo encarceló; es hilarante el contraste entre un México de bajos fondos (vicios, pobreza y corrupción) y el lenguaje prefabricado, propio de una novela detectivesca con el que Mike habla ahora. Como buen Quijote (también con su respetiva dosis de tragedia), Mike decide hacer a una prostituta su damisela: Zoila (Sasha Montenegro), a quien protegerá de todo malechor.
Curiosamente, los bajos fondos de la Ciudad de México poseen pistas que hacen sentido con el mundo surrealista de Mike, de tal forma que todo lo lleva hacia un archivillano imaginario llamado El Rojo (Juan José Gurrola).
El director, ayudado de una magnífica actuación de Parodi, juega entre un ácido humor negro (introduce elementos de la realidad política y social de la época, aún reconocibles en nuestros días) y situaciones cercanas al slapstick, para contar una historia surreal que sólo podría tener cabida en un México patas arriba: Es decir, al parecer, sólo un loco es capaz de enderezar a un mundo tan corrupto y tan absurdo, y también, sólo en un mundo así, un personaje como Mike —cuyo mundo lleno de comunistas y amantes de la libertad y la democracia no es tampoco una imagen ideal— tendría cabida.
En una segunda lectura, lo anterior es bastante desesperanzador, pues toda esa comedia esconde una preocupación importante: es decir, ¿quién podrá defendernos cuando las fuerzas del orden, las que supuestamente debían hacerlo, forman parte del mismo mal? (Fausto Ponce)
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