Periódico El Economista, sección “La plaza”
Fecha: 05 / 11 / 2004
Reseña
Alfie, el seductor irresistible es un remake de la cinta homónima de 1966, protagonizada por Michael Caine, que si bien no aporta nada nuevo, tampoco demerita a su antecesora, de hecho es una comedia bastante divertida, con un tono muy clásico, muy inglés.
La historia, dirigida por Charles Shyer, gira en torno a Alfie Elkins (Jude Law), un Don Juan inglés (o womanizer) que trabaja en Manhattan -una de la diferencias de la versión de Caine- como chofer de limusinas cuyo tiempo libre, y mucho de su tiempo laboral, está dedicado al vino y a las mujeres. ¡Y qué mujeres!, pues Alfie las tiene en todos colores y sabores.
Por ejemplo, tenemos a Julie (Marisa Tomei), una mamá soltera; a Liz (Susan Sarandon), una refinada vampiresa; Nikki (Sienna Miller), sensual y reventada, y por último, Lonette (Nia Long), la exnovia de su mejor amigo y factor decisivo en la vida de Alfie.
A primera vista, la situación de Alfie parece ideal, y la verdad, hasta da envidia; su seguridad, su acento, su facilidad de palabra y sus chicas, son cosas que todo hombre desearía, sin embargo, poco a poco veremos cómo Alfie comienza a llenarse de dudas y más dudas a cerca de sus costumbres. ¿Será la ciudad de Nueva York y sus chicas liberales, con aires de protagonistas de Sex and the City, lo que Alfie realmente desea?
Alfie recibe la estocada más importante a manos de Lonette, en una noche de copas. Después de eso, Alfie no volverá a ser el mismo. Y es que al final de cuentas, todo en la vida tiene un precio. Como se puede observar, el componente moral está siempre presente.
La cinta tiene muy buen ritmo, buenos diálogos y momentos memorables, como el recurso de hablar a la cámara, también Caine lo hacía, pero a Law le queda increíble. Lo único que podemos decir en contra de la cinta es que todos los elementos que funcionan son, en gran medida, los mismos que encontramos en la de 1966, aunque por supuesto hay cosas que cambian: la forma de atacar de un Don Juan hoy en día es diferente a la de los años 60, como también lo es la forma de ser de las víctimas de Alfie. Es decir, cambian las formas, pero el fondo sigue siendo el mismo. (Fausto Ponce)






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