Fecha: 18/10/2011
Publicado originalmente en Proceso.com.mx
Jason Statham, Clive Owen y Robert De Niro protagonizan Nacidos para matar (Killer Elite, EU-2011), una cinta bastante dominguera dirigida por Gary McKendry; una película llena de asesinatos, intriga y camaradería con mucha miel.
Todo comienza cuando Danny (Statham), miembro de un grupo de operaciones especiales, realiza un trabajito junto a sus compañeros Hunter (De Niro) y Davies (Dominic Purcell), en donde la vida de un niño es puesta en riesgo.
Algo ocurre en la mente de Danny que lo invita a dejar esa peligrosa vida de lado y vivir en la tranquilidad del hogar. Y al parecer eso puede ser posible, pero resulta que un Sheik musulmán, con grandes intereses petroleros, secuestra a Hunter, mentor de Danny, con la intención de que Danny realice una serie de asesinatos para él. Es decir, como dice el típico dicho: “la última y nos vamos”; Danny mata a los que tiene que matar a cambio de dinero y de que liberen a su amigo.
En un acto de camaradería Danny acepta, pero resulta que se topará con un grupo secreto de operaciones especiales lidereado por Spike (Owen). ¿Cómo, cuándo y por qué? Es todo un enigma, pero lo único de lo que Danny puede estar seguro es que huele a traición.
En cuestiones de intriga y acción, no hay queja alguna, la película es bastante amena, al menos hasta que se acerca la parte final. Pero el desarrollo de personajes y la trama importan poco. En cuanto a los personajes se refiere e es prácticamente nulo, y la resolución de los conflictos resulta bastante apresurada. Y lo peor, el final es bastante cursi.
Las actuaciones de los tres son bastante normalitas, tirándole a “hago esto porque me pagan”, al final de cuentas tampoco resultan desagradables.
¿No tiene nada qué ver y le gusta ver a hombres rudos matándose entre sí, con intriga política detrás? Pues vaya a ver Nacidos para matar pero sin muchas expectativas; piense que sólo es para pasar el rato.












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