Mucha acción y poca ropa

by Fausto Ponce on November 24, 2007

Fecha: 23/11/2007
Periódico El Economista, sección “La Plaza
Reseña

Si le gustó la película de 300, no cabe duda de que debe de ver Beowulf (EU, 2007): mucha acción, mucha violencia, movimientos de cámara vertiginosos, poca ropa y escenarios visuales sorprendentes harán de la épica anglosajona de alrededor del siglo VIII, toda una experiencia. De preferencia, debe ser vista en megapantalla. Así de sencillo.

¿Más razones? Angelina Jolie sale desnuda, al igual que Ray Winstone (atención, señoritas). Bueno, en realidad no son ellos, sino sus personajes digitalizados que conservan rasgos similares a los de los actores (como ocurrió con Tom Hanks en El expreso Polar): ni Winston, ni Angelina tuvieron que quitarse la ropa. Pero funciona de pretexto para atraer a audiencias masivas.

Aunque ojo, si va a ver Beowulf —de Robert Zemeckis (El expreso Polar), con guión de Roger Avary (Pulp Fiction) y Neil Gaiman (novelista gráfico)— para descubrir la esencia que hizo posible que este clásico estuviera vigente por cientos de años y el set de valores que representó para su época, se va a decepcionar.

Este Beowulf parte de la historia original: Beowulf ayuda al rey Hrotgar (Anthony Hopkins) a derrotar al terrible monstruo Grendel (Crispin Glover) y a la madre de éste (Jolie), simplemente para alcanzar la gloria; posteriormente, se enfrentará a un temible dragón que amenaza a su pueblo.

Y de ahí posee varias “licencias poéticas”, la constante desnudez es una de ellas. Claro que Angelina Jolie se ve increíble (y quizá Winston), pero ojo, no deja de ser un guiño adolescente, además la cámara se las arregla para que no aparezcan las partes pudendas.

Ahora bien, pasemos a sus defectos: si bien el planteamiento de Beowulf es sumamente vital, es decir, mucha lucha, mucha pasión, sensualidad a flor de piel, resulta que la inexpresividad de los personajes animados se vuelven un obstáculo para que Zemeckis transmita la pasión que el relato de Beowulf conlleva.

El look de videojuego nos hace imposible conectarnos con los personajes, y aunque Zemeckis consigue sumergirnos en la acción de esta épica, la presenciamos no tanto como una experiencia emocional, o lo que sintamos cuando una narrativa nos engancha y nos hace reír, llorar o nos conmueve, sino como si estuviéramos en un parque de diversiones: la adrenalina lo es todo.

Al final, Beowulf se vuelve un extraordinario homenaje a la épica milenaria, y una experiencia impresionante, producto de una ola de adelantos tecnológicos que nos sorprenden día con día, y de un franco culto a la violencia que desde hace varios años se ha venido popularizando. (Fausto Ponce)

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