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Columna AF

¿Mix up se tambalea?

by Fausto Ponce on July 25, 2008

Alta Fidelidad

Hace algunos años, la cantidad de discos compactos que se encontraban en la tienda de discos Mix up era apabullante contra la cantidad de DVD’s que se ofrecían. Ahora —desconozco las proporciones exactas, pero no es una cuestión de percepciones— la cosa ha cambiado, y poco a poco los DVD’s comienzan a relegar a los discos.

Asi pues, al CD no le veo mucho futuro… y eso me entristece un poco y no lo digo por mera nostalgia, sino porque la calidad del mp3 es sumamente deplorable, además, no veo modelos de negocio modernos en nuestro país que puedan competir contra las descargas gratis y la piratería física… y es que yo no creo en eso de que “las descargas gratis por internet sean el futuro de la música y que sean lo máximo, pues la música grabada debe ser para [click to continue...]

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El éxito de RBD

by Fausto Ponce on July 8, 2008

Alta Fidelidad

Es difícil saber hasta dónde hubiera llegado RBD sin su programa de TV (mezcla entre telenovela y sitcom), sin embargo, es un hecho que la popularidad de la serie fue la piedra angular de esta agrupación prefabricada en donde el talento vocal de sus integrantes es sumamente cuestionable. Pero decirlo de esta manera resulta sumamente simplista e inclusive puede ser hasta insultante para los miles y miles de fans del mundo de habla hispana: En esencia, RBD no es un concepto hecho al azar, vacío y sin sentido —bueno, al menos no es tan vacío como se piensa—, el hecho de que sea algo estereotipado, es otra cosa.

En primer lugar, RBD emocionó a miles de adolescentes gracias a un concepto sumamente básico, la misma arma que utilizó el rock desde el primer día de su nacimiento: la rebeldía. El programa de televisión apareció en un momento en que los adolescentes en México no tenían nada para ellos, más que las series Estadounidenses que llenaban la televisión. Y de pronto, apareció un grupo de “chavos” que, como todo adolescente, eran rebeldes por naturaleza.

Pero ojo, no era cualquier “clase de chavos”, estos sujetos, si bien estudiaban en una escuela para ricos, provenían de [click to continue...]

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Desilusión melódica

by Fausto Ponce on December 23, 2007

Alta Fidelidad

Hace un par de meses iba en el coche reescuchando el disco Re de Café Tacuba, propiamente la canción de “El baile y el salón”; recordaba qué emotivo estuvo el inicio del concierto por los 15 años de la banda en 2oo4, cuando, poco antes de que los tacubos subieran al escenario, el público comenzó a corear el inicio de la canción… “papárapara eu eeeo” (algo así) y de pronto, ya más entrada la canción, reparé en algo en lo que nunca había reparado, quizá porque no es de mis canciones favoritas, aunque no era la primera vez que había escuchado la melodía.

En ese momento no le di importancia, sin embargo, al momento de llegar a las oficinas de la revista Dónde ir, comencé a tararear el principio. Un compañero me escuchó y de inmediato volteó a verme para decirme:

– Oye, pero ¿qué pedo? Se trata de dos hombres, ¿no?

–Ah, pues sí… — le dije un poco asombrado, aunque ese era el detalle en el que había reparado durante el trayecto en automóvil, pero que había enterrado inconscientemente.

Acto seguido: los dos asentimos y nos pusimos a hacer otras cosas.

¿Por qué cuento esto? Me explico: Hace poco vi un programa en HBO con el comediante Robert Wuhl, una “clase de historia” mezclada con comedia acerca de la conceptualización de la historia (valga la redundancia), donde básicamente, Wuhl deja muy claro que los hechos históricos son selectivos. Es decir, quedaplasmado lo que uno quiere que quede plasmado sin importar si conserva su relación con la realidad.

Wulh pone el ejemplo de “We Will Rock You” de Queen, un himno gay que los Estadounidenses cantan orgullosos en los eventos deportivos, sin reparar en su verdadero significado, de igual forma ocurre con “Yankee Doodle”, una canción despectiva hacia los estadounidenses donde se les llama gays.

Y lo mismo me ocurrió, y también a mi compañero de oficina, con “El baile y el salón”, que aunque sea más explícita en la parte que dice “De hombre a hombre, vu le vue cuche avec moi”, uno va tan divertido con la canción que opta por negar este guiño homoerótico.

Yo había decidido lo que quería escuchar en “El baile y el salón”, hasta que hice consciente la cuestión homosexual, y desde entonces, ya no la canto con la misma emoción puesto que ya no me identifico tanto con ella…

No sé si le pasa a mucha gente, pero dudo que todos aquellos que corearon la canción aquella noche hayan estado conscientes de que “El baile y el salón” es un himno al amor homosexual, estoy casi seguro que casi todos ellos, excepto aquellos que efectivamente eran gays, estaban en completa negación de la verdad.

O a lo mejor sólo me ocurrió a mi y a mi compañero de oficina… ni modo. (Fausto Ponce)

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La conservadora familia Simpson

by Fausto Ponce on September 29, 2007

Alta Fidelidad
Fecha: 21 / 09 / 2007

Los SimpsonMucha gente que gusta de Los Simpson suele decir, a manera de justificación, que ve la caricatura porque “es una crítica a la familia de clase media estadounidense”. Por supuesto, esta aseveración tiene algo de cierto, sin embargo, hay que recalcar que si bien por un lado se burla de los estándares de la típica “familia americana” y de otras instituciones sociales y políticas, por otro lado posee un fuerte mensaje conservador.

No cabe duda que Los Simpson presentan una cara antistablishment que expone los vicios de la política y la democracia, y que expone al ser humano como un personaje pasional más que racional, situación que abre paso al egoismo y elimina toda posibilidad de un héroe capaz de redimir a la sociedad, pero si de casualidad lo hubiera, Matt Groening, o más bien sus escritores, se encargarían de darle la credibilidad de [click to continue...]

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Deconstruyendo al Señor Soprano

by Fausto Ponce on September 29, 2007

Alta Fidelidad
Fecha: 27 / 07 / 2007

Anthony Soprano está muy lejos de ser una buena persona, de hecho, como decimos en México, es un hijo de la “chingada”, sin embargo, existe una fuerza misteriosa que vuelve a este personaje televisivo un tipo sumamente adorable, de tal forma, que es cuesta trabajo desear su muerte con todo y que en el fondo sabemos que la tiene bien merecida.

Como figura narrativa, nuestra afección a Tony Soprano posee diversas lecturas, por un lado, el más superficial, este jefe de la mafia funciona como una especie de modelo aspiracional: tiene dinero, coches lujos, puede acostarse con quien le dé la gana y hacer lo que le dé la gana. Así pues, uno se siente “embriagado de poder”, por decirlo de alguna manera, y es entonces que nos olvidamos de la parte más oscura y sórdida del personaje. Aunado a esto, existe siempre una tensión sumamente excitante: el peligro está latente, y no sólo se relaciona con las víctimas que sufren el yugo de Tony, sino con él mismo, es decir, sabemos que “alguien”, ya sea el FBI u otro rival, puede venir por él, y no hay nada más dulce y confortante, después de tanta adrenalina, que Tony se salga con la suya.

Por otro lado, está la parte social; Tony juega un rol extraño: en un mundo en donde el respeto por los valores tradicionales se tambalea, en donde instituciones como el gobierno o la iglesea, son incapaces de proveer a la gente de lo que necesita, Tony Soprano pone orden, y al final del día, es el padre que mantiene a la familia unida, es el padre que provee seguridad. A simple vista, pareciera que una figura como la de Tony no sólo es necesaria, sino que es sumamente deseable.

Y si excarvamos aún más en el fondo de este personaje, encontramos analogía mitológicas, descubrimos en Tony una extraña combinación: una mezcla de energía titánica con una fuerza ordenadora que mantiene el equilibrio del mundo.

Por el lado titánico, notamos la influencia de Cronos (padre de Zeus) y su fuerza devoradora: Cronos devora a sus hijos y con esto se asegura —siguendo el pensamiento de GF Jünger— de que prevalezca un estado cíclico: “el ciclo del retorno elemental… La rigidez de Crono reside en el movimiento uniforme, repetido sin variación siguiendo órbitas fijadas de antemano. Crono se mueve pero concluye nada”. Hay que recordar la constante añoranza de Tony por “the old days”, lo viejos tiempos en los que su padre aún vivía y en donde los hombres se tragaban sus sentimientos y hacían “lo que tenía que hacer” porque eran precisamente eso, hombres. En repetidas ocasiones, Tony se reprocha por ser tan emocional; Tony se rige por reglas establecidas de antemano, reglas y juramentos “antiguos” que estaban ahí mucho antes que él, desde el inicio de su mundo.

Si bien, como nos dice Jünger, “Cronos se mueve pero no concluye nada”, es necesario comentar que Tony sí lo hace, y ahí es cuando entra su lado “Zeus”: el dios hijo de Crono es un principio ordenador, un principio de que da estabilidad; Jünger lo llega a describir como un ser solitario que mira su reino desde la cima de una montaña, y curiosamente, ese es el sentimiento de Tony, se siente solo, en la cima, y es su obligación proveer para sus dos familias y manter la estabilidad, sin embargo, la fuerza de Zeus no es represora, y en muchas ocasiones Tony es lo opuesto, con todo y que gran parte del tiempo funge como negociador para conservar el orden y consiga formar alianzas para que todo se estabilice, pero es caprichoso y cuando las cosas no salen como hubiera querido aparece su lado “devorador”, titánico. Zeus también posee el poder de exiliar a los otros dioses al Tártaro si es que no siguen su mandato (puede ser terrible, no por nada es el dios del trueno), pero su energía parece no ser tan egoista como a veces funciona la de Tony, quien a veces rompe reglas para su conveniencia.

Así pues Anthony Soprano no cae bien por ser meramente un sociópata encantador; Hanibal Lecter es en ciertos sentidos encantador, pero brinca de la indetificación a lo espeluznante de tal forma que es fácil desearle la muerte, y así como Hannibal ocurre con muchos villanos más: Tony funge, por un lado como héroe y por otro como villano; oscila entre un mundo de violencia y en un mundo que anhela lo sagrado, entre una fuerza masculina seductora que busca el cumplimiento de la normas y el orden, y un mundo donde la moral no tiene cabida. (Fausto Ponce)

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