Dexter: El Antihéroe

by Fausto Ponce on April 24, 2008

Alta Fidelidad

Últimamente, la figura del antihéroe se ha convertido en una moda. Y es que al parecer, casi nadie está dispuesto a creerse a los héroes tradicionales, esas figuras virtuosas con cero defectos. Ahora, se estila que los héroes tengan muchísimas fallas de carácter. Esta situación ha sido llevada al extremo gracias al asesino serial Dexter, de la serie de televisión homónima: El Antihéroe en toda la extensión de la palabra, aunque al final, es probable que tan sólo sea una reinterpretación del héroe.

Dexter va tras los malos y en ese inter, es capaz de ayudar a los otros, aunque él no lo quiera de esta forma o ni si quiera se dé cuenta, ya que es incapaz de experimentar emociones. Dexter es entonces una especie de monstruo que aparenta ser un ser humano normal, y hasta cierto sentido un poco más de lo normal ya que debe aparentar ser bueno, relajado, e interesado por los demás.

Y si bien Dexter parece comprender, capítulo a capítulo los pormenores de la existencia humana, toda va encaminado a saciar sus instintos asesinos, no de bondad ni de justicia. De hecho, la canalización de dichos impulsos hacia el mundo criminal es sólo para hacer más “aceptable” su condición aunque como él no tiene sentimientos, ¿por qué debería de importar?.

En fin, el punto es que Dexter se sacrifica por los demás —finge ser normal y debe canalizar sus emociones para no ser descubierto— en aras de poder ser él mismo, en aras de poder manejar un impulso incontrolable. Y en menor escala, ¿no es eso lo que todos hacemos de una manera u otra cuando deseamos ser normales? Quizá no fingimos tanto, pero socialmente nos ponemos máscaras para poder funcionar en la vida y para poder hallar tranquilidad.

En ese sentido, Dexter tiene un trasfondo bastante conservador, que puede advertirse desde el momento en que un asesino serial es el encargado de fungir como justiciero. Y entonces, la figura del antihéroe se complejiza y alcanza a englobarse en un marco moral: se vuelve una figura hipócrita, egoista, que hace lo que la sociedad cree que está bien porque no le queda otro remedio, porque esa es la forma de sobrevivir. Pero no todo es cinismo, porque en este “estira y afloja”, el deber ser se convierte en algo disfrutable.

Y entonces volvemos al inicio, es decir, encontramos una posible reinterpretación de lo que significa ser un héroe(Fausto Ponce)

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