Fecha: 06/02/2008
Alta Fidelidad (www.proceso.com.mx)
Artículo
Me llama la atención que, contrario a Peter Pan, en donde el viaje a la infancia lo es todo, El libro de la selva vaya en una dirección opuesta, tanto en lo individual como en lo colectivo: es un viaje hacia la madurez en donde la hermandad es fundamental.
Para explicar este punto, me permito reproducir aquí, una análisis que había incorporado a un artículo sobre los 50 años de El libro de la selva, para la agencia de noticias Apro (www.proceso.com.mx) con fecha del 4 de febrero de 2008.
“La historia —original de Rudyard Kipling— es una obra que posee una lectura filosófica y una de carácter moral.
La primera es inmediata: Mowgli no pertenece al mundo natural, es decir, por más que desee regresar, es imposible, su lugar está entre humanos y en la civilización que ellos han creado.
La segunda, que de alguna manera se desprende de la primera, trata de un viaje en donde Mowgli es tentado por los placeres mundanos y la falta de compromiso de Baloo, por la seductora serpiente Kaa (el pecado) y amenazado por la ferocidad de Shere Khan (el lado salvaje del ser humano), quien sólo puede ser repelido por el fuego, símbolo de la civilización. En todas las circunstancias anteriores, la vida de Mowgli corre peligro, aunque él no lo tenga del todo claro”.
Sinopsis: La historia, aunque puede que esté demás comentarla, gira en torno a Mowgli, un cachorro humano que, a falta de sus padres, fue entregado por Bagheera, la pantera, a una manada de lobos para su cuidado.
Durante algunos años, Mowgli parece un niño feliz, sin embargo ha llegado el momento de que se vaya a la aldea del hombre, que es donde pertenece, sin mencionar que el temible tigre, Shere Khan, podría acabar con Mowgli pues odia a los de su especie. Así pues, a regañadientes, Mowgli y Bagheera inician un largo peregrinar a la civilización. (Fausto Ponce)








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