Fecha: 02/04/2003
Apro (www.proceso.com.mx )
Reseña
El pianista (The Pianist , Francia-Alemania-Inglaterra-Polonia, 2002), cinta galardonada con la Palma de Oro en Canes y el Oscar al Mejor Director, cuenta la atormentada historia del pianista polaco-judío Wladyslaw Szpilman, un virtuoso que padeció los horrores de la Segunda Guerra Mundial. La película está basada en la autobiografía de Szpilman, escrita al finalizar la guerra, pero como no servía para los fines del régimen socialista instalado en Polonia, no pudo ser publicada sino hasta 1990.
La trama se desarrolla en la Varsovia (Polonia) de los años 30, en la víspera de la Segunda Guerra Mundial: Szpilman, interpretado por Adrien Brody, papel que le valió el Oscar como Mejor Actor, toca Chopin en una estación radiofónica cuando caen las primeras bombas alemanas; la ocupación nazi está en marcha.
Al principio, la familia de Szpilman, acomodada, no tiene deseos de moverse de su ciudad natal; además, ha escuchado que los franceses e ingleses le han declarado la guerra a Alemania, así que los nazis no tardarán en retirarse. Eso, como todos sabemos, no sucede, y entonces vienen los campos de concentración y la cámara de gas.
Pero no para Szpilman, quien milagrosamente y con la ayuda de un amigo, logra escapar del tren que le lleva a uno de estos campos. Y entonces Polansky nos cuenta una maravillosa historia de sobrevivencia, combinación entre la pasividad y la suerte, entre un enorme sufrimiento y un optimismo que tiene que ver más con acto de fe que con argumentos reales.
Szpilman no es para nada un héroe, sino un espectador que por azares del destino y gracias a la resistencia polaca, sobrevive escondido dentro de un apartamento, con un piano que no se atreve a tocar, en una Varsovia en ruinas. Szpilman, triste, solo y asustado, hace lo que puede, que es casi nada, para salir adelante.
En El Pianista , Polansky no sólo retrata la desesperación e impotencia que Szpilman vivió en aquellos años, sino también su experiencia como sobreviviente judío del holocausto, pues hay que mencionar que el director polaco se encuentra vivo gracias a la bondad de personas no judías que pusieron las manos al fuego por el entonces pequeño y asustado Roman, quien vagaba entre Cracovia y Varsovia.
Polansky y Zspilman se hacen uno mismo para contar una de las mayores tragedias de la humanidad, tragedia que, a pesar de Begnini y su cinta La vida es bella , aún resulta perturbadora. (Fausto Ponce)





