Érase una vez… la televisión

Crecí prácticamente pegado al televisior. Al menos los primeros 7 años de mi vida. Veía caricaturas casi todo el día, aunque no recuerdo cómo le hacía para hacer las tareas, pero me iba bastante bien, de hecho,intercambiaba mis calificaciones por tiempo de televisión, así que mientras hiciera mi tarea… ¿por qué debían decirme algo?

Horas y horas de caricaturas, combinadas con algunos documentales, mini series y gracias a mi abuela, algunas telenovelas. Por supuesto, lo que más recuerdo y lo que más me gustaba eran las caricaturas y luego los programas históricos. Y… ¿qué mejor si había algo que tuviera un poco de las dos cosas? Y lo había… era una caricatura llamada Érase una vez… un hombre.

El programa del que hablo era de origen francés y contaba la historia de la humanidad a través de un puñado de personajes base que vivían diversos eventos que iban desde los cavernícolas cazadores y recolectores, pasando por la antigua grecia, hasta la ilustración francesa.

Los personajes principales eran Pierre y su amigo el gordo, sus respectivos hijos y esposas, dos sujetos malos (uno grande y gordo y otro chaparro y sinvergüenza), y un viejo sabio con barbas y cabellos blancos que le crecen de arriba abajo, y dos pelitos que le salen de la cabeza y parecen antenas.

Érase una vez… un hombre me parecía apasionante y gracias a ella pude seguir con más claridad las lecciones de historia de mi maestra, pero eso fue secundario: lo más importante es que esa serie consiguió llevarme por un apasionante mundo donde el ser humano desarrollaba grandes adelantos tecnológicos, ideas y construía civilizaciones fabulosas que luego desaparecían por sus ansias de poder.

Recientemente me topé con la serie en Youtube, y tuve la oportunidad de verla toda de nuevo. Sigo pensando que es maravillosa para ciertas edades, aunque hay ciertos detalles que la hacen ver viejita, con edición un poco torpe, pero funciona. Les dejo un capítulo de la serie con el doblaje original, aunque la intro es la que se vio en España: en nuestro páis comenzaba con “Toccata e fuga” de Bach.

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