Harry se pone rudo

by Fausto Ponce on October 23, 2007

Fecha: 10/07/07
Periódico El Economista, sección “La Plaza
Reseña

Entre más pasa el tiempo, o más bien, entre más pasan secuelas, la historia de Harry Potter se va poniendo mejor, y si bien esta última entrega no es de mis favoritas —la de Alfonso Cuarón me parece la mejor— consigue mantener la calidad de la anteriores al tiempo que nos hace perder todo rasgo de duda acerca del carácter, heroísmo y habilidades del maguito.

Harry Potter y la Orden del Fénix (Harry Potter and The Order of the Fenix, EU-Inglaterra, 2007), dirigida por Daid Yates, presenta a un Potter (Daniel Radcliffe) más heroico y carismático, más activo y decidido que en las cintas anteriores, en las que prácticamente era un mero espectador, quien dependía más de la suerte que de él mismo.

Aunque en El cáliz de fuego ya se veía que no era un mago común y corriente, es aquí donde todo se hace más claro, y qué bueno, puesto que seguir viendo a un Potter pusilánime luego de tanto tiempo iba a ser innaceptable para quienes no somos fans de “hueso colorado” de la serie. Cabe mencionar que en esta entrega, Harry besa a su Cho.

Harry Potter y la Orden del Fenix arranca con una desgracia, unos dementores (espectros malévolos) atacan a Harry y a su rudo primo, y en consecuencia de esto, Potter debe usar un hechizo para salvar la vida de ambos, lo cual ocurre.

Desgraciadamente, el Ministerio de Magia expulsa a Potter de la escuela debido a que no se le tiene permitido, a ningún mago, usar magia enfrente de un humano antes de los 17 años.

Por supuesto, Dumbledore (Michael Gambon) interviene y las cosas se arreglan pero sólo para ponerse peor:

1) Nadie en la escuela cree que Voldemort ha vuelto, y en consecuencia, todos piensan que Potter es un mentiroso; nuestro héroe comienza a sentirse como un verdadero extraño, sin mencionar que sueña con Voldemort todas las noches.

2) El mero mero del Ministerio de Magia, más preocupado por mantener su status quo que por hacer su trabajo, comienza a meter las manos en Hogwarts, pues piensa que Dumbledore planea quitarle el puesto.

Así pues, el ministro hará todo por quitarlo de la escuela, al tiempo que realiza una serie de modificaciones sustanciales, de la mano de Dolores Umbridge (Imelda Staunton), la nueva maestra contra las artes oscuras, para establecer el orden entre los alumnos, pero el resultado está lejos de beneficiar a los pupilos, al contrario, la mala preparación los dejará indefensos ante cualquier peligro, en específico, ante la llegada de Voldemort.

Potter, alentado por su padrino Sirius Black (Gary Oldman) y sus amigos cercanos, forma una sociedad secreta (el Ejército de Dumbledore) en la cual, sus miembros se preparan para defenderse del enemigo, que atacará en cualquier momento.

El drama y la tensión se dejan sentir en todo momento y, de manera afortunada, la batalla final, además de ser bastante emocionante, posee un efecto sumamente liberador: Potter es un verdadero héroe.

Las actuaciones de Radcliffe y sus compinches son estupendas, excepto Katie Leung (quien hace de Cho Chang), que realmente tiene “cero carisma”; sobresalen los nuevos personajes: Luna Lovegood (Evanna Lynch), una niña sumamente deschabetada y excéntrica, la mismísima Umbridge, una mujer rígida y autoritaria, y Bellatrix Lestrange (Helena Bonham Carter), una terrible hechicera de enorme crueldad. Pero quien se lleva las palmas es Sirius Black, de una presencia y carisma excepcionales.

De las fallas de la cinta, podemos mencionar dos cosas: Una, que debido a la extensión del libro se explica demasiado, y dos, que los nuevos personajes, incluido Black (aunque no sea tan nuevo), son tan interesantes que uno siente que faltó película para hablar más de ellos. (Fausto Ponce)

{ 0 comments… add one now }

Leave a Comment

You can use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Older post: El búfalo de la noche: Decepcionante

Newer post: Alatriste: desafortunada