Alta Fidelidad
Me parece irrisorio cuando, luego de haberse hartado de los ataques de la prensa, los jugadores de la selección mexicana se defienden de una mala actuación diciendo: “lo que importa es que ganamos”. Y lo digo con motivo de su encuentro ante Belice allá en Texas, en este mes de junio.
Y si bien sí importa que hallan ganado, pese a lo que ellos puedan pensar también importa el cómo. ¿Por qué? Porque el futbol es un espectáculo (todo deporte es un espectáculo, no entraré en definiciones por ahora), ¿O qué? ¿A caso se les olvida que los sueldos que tienen es por su linda cara? ¿O porque juegan feo pero ganan? A los futbolistas profesionales se les paga lo que se les paga porque sus partidos tienen un público que los va a ver, un público suceptible de ser bombardeado con anuncios de todo tipo, suceptible y a la vez hambriento de héroes y símbolos, de entretenimiento y de catarsis; y todo lo anterior es englobado por el “Marketing”.
Es posible que el Joga bonito fuera inventado por Nike, pero más allá de eso, la gente no sólo se lo cree (para bien o para mal) lo exige y es gracias a esa hambre que se ha echado a andar toda una maquinaria comercial que permite que los jugadores tengan sueldos que para muchos, en este país y en varios del tercer mundo, resultan insultantes. Y la gente no sale a las calles a quejarse, sólo piden que se les cautive, emocione y se les maraville. Y si lo que importa es ganar sin importar el cómo, pues que se vayan a jugar a una liga escolar, en donde sólo sus novias y sus papás los irían a ver.
A finales del siglo XIX, el barón Pierre de Cubertain acuñó el famoso y trillado lema: “Lo importante no es ganar, sino competir”, no como una oda a la mediocridad, sino como un homenaje al espíritu griego en donde los competidores se morían, como los héroes de la Iliada, en la “raya”, el ser humano daba todo de sí, y si ganaba bien, pero si no, podía estar seguro de que había hecho todo lo posible para lograrlo.
Claro, podemos decir que los tiempos han cambiado pero la verdad es que aún admiramos, ya sea en las películas o en las novelas, a aquellos guerreros que mueren por sus creencias sin perder su integridad (Espartaco o Rocky, por ejemplo), no importa si al final, su causa haya sido una causa perdida.
Pasa lo mismo en los deportes, se gane o se pierda, uno quiere ver a su equipo dar lo mejor, por su puesto que deseamos que gane, pero si pierde y uno ha visto que dejarón el corazón, los jugadores tienen la redención asegurada.
Así pues, no dejemos que nos digan lo contrario.






{ 0 comments… add one now }