Fecha: 06/02/2008
Periódico El Economista, sección La Plaza
Reseña
En un balance general, Párpados azules (México, 2007) sale bien librada, sin embargo, es bastante dispareja: contiene elementos fascinantes, como la actuación de Cecilia Suárez, una de las mejores actrices que ha dado este país, y grandes diálogos, pero también, escenas que podrían haber sido fácilmente suprimidas.
La trama gira en torno a Marina Farfán (Suárez), una costurera que vive una soledad inmensa, pero que, inesperadamente, gana un viaje para dos a una playa paradisíaca. La primera opción es llevar a su hermana, pero después nos enteramos que la susodicha no tiene ganas de ir con Marina.
Así pues, el único candidato parece ser un tal Víctor (Enrique Arreola), un ex compañero de la secundaria (con quien se topa por casualidad) del que Marina no recuerda nada, aunque aquél parece recordar muchas cosas.
Víctor, está igual de solo que Marina, pero a diferencia de aquella, este personaje que trabaja en una compañía de seguros, posee un poco más de iniciativa de darle un giro a su vida.
Desesperada, Marina le pide que la acompañe y es entonces que comienza a una serie de expectativas y de sueños infundados que, una de dos, a acaban con la soledad y ayudan a profundizarla.
La cinta, dirigida por Ernesto Contreras, está cargada de un poquito de esperanza, pero en general es una especie de sátira de las comedias románticas: se respira mucha ironía y humor negro, con personajes disfuncionales en las artes amatorias.
Marina y Víctor son sumamente torpes para relacionarse, y sus diálogos sólo sirven para llenar incómodos silencios, lo cual da pie a situaciones geniales, sumamente cómicas, aunque en el fondo, son también reflejo de una profunda tristeza.
El rol de Cecilia Suárez es verdaderamente fascinante: su interpretación es capaz de generar ternura, lástima y suma tristeza; es una damisela en peligro que debe ser rescatada, pero que probablemente no quiera ser rescatada, y si llegara a serlo, probablemente no sabría qué hacer.
Ahora bien, el lado negativo de dichos diálogos es que se utilizan en exceso, lo cual entorpece la trama, y si añadimos el terrible abuso de close-ups mareadores, el resultado es una película que se mete el pie así misma.
Párpados azules la libró gracias a un ingenioso planteamiento del guión, definitivamente los puntos finos se descuidaron. Ocurre como esas figuras de plástico que se encuentran en los mercados, están increíbles, pero ¿por qué no les quitaron la rebaba? (Fausto Ponce)






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