La perversión de Pushing Daisies

February 25, 2009

in Televisión,Televisión

A simple vista, Pushing Daisies es una linda historia de amor imposible, una especie de cuento de hadas para adultos que nos recuerda a la cinta  Amelie (2001). Pero detrás de esa fachada inocentona, se haya algo bastante oscuro y perverso, y eso es lo que me parece interesante, a diferencia de Amelie, una cinta que no pasa de lo cursi (más allá de que me haya gustado o no).

Pushing Daisies gira en torno a un chico tímido e introvertido llamado Ned (apodado “el pastelero”, interpretado por Lee Pace), quien tiene el don de revivir a los muertos con sólo tocarlos, pero hay un par de reglas: 1) Al minuto de haberlos regresado, alguien más debe morir y 2) Si toca de nuevo al que acaba de revivir, éste vuelve a morirse.

Ned se dio cuenta de eso desde que estaba pequeño: primero revivió a su perro, luego a su madre que había fallecido de forma abrupta, pero desgraciadamente, algiuen más tuvo que morir: el padre de su amada amiga (y amor infantil), Charlotte “Chuck” (Ana Friel).

Posteriormente, mató a su madre debido a que se volvieron a tocar. En términos freudianos, uno siempre quiere matar al padre y no a la madre, lo cual es una cosa terrible que va en contra de todo: simbólicamente, si mata a su madre, está condenado a repetir el patrón con cualquier chica con la que se encuentre. Que es lo que pasa, como veremos más adelante.

Luego de aquellos tristes episodios, Ned crece, ahora se gana la vida haciendo pasteles (o pies, para ser preciso) mientras ayuda a un investigador privado de nombre Emerson (Chi McBride), a resolver asesinatos; en uno de estos casos se reencuentra con Charlotte, pero en un ataud. Ned la revive para hacerle las preguntas acostumbradas y así resolver el asesinato, pero no puede evitar revelarle quién es él y entonces… la deja vivir.

El problema, además de que alguien muere, es que ambos terminan enamorándose pero desgraciadamente no pueden tocarse. Dos adultos que no pueden consumar su amor es cruel y perverso (además de un dolor de testículos para quien lo padece), pues deben quedar relegados a vivir en un mundo infantil que ya no les sienta nada bien, un mundo infantil en el que Ned, como todos los niños, cree que es responsable de los males que le ocurren alrededor.

El grado de tragedia en esta serie es inmenso: Ned y Charlotte se encuentran atrapados, son dos niños con cuerpo de adultos que no pueden consumar su amor pues esto significa la muerte; el deseo jamás se consuma, la pasión, la sensualidad y el sexo se convierten, como en toda sociedad moralina, en un tabú.

La imposibilidad de llevar más allá su relación es lo que mantiene viva a la serie, pero al mismo tiempo se convierte en una situación sin posibilidad de trascendencia: la naturaleza de Ned le impide consumar su amor, la relación está condenada… Y fue seguramente esto, en parte, lo que motivió a los ejecutivos de la serie a cancelar el proyecto. Pushing Daisies era una buena idea, pero su futuro, al igual que la relación entre Ned y Charlotte, era inexistente.

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fred February 25, 2009 at 7:28 am

Creo que tienes razón, ¿cuanto tiempo más podria durar esta historia?

Igual y sí duraba un par de temporadas mas (duro solo 2), y que lastima por que la atmosfera es fantastica y colorida como no habia visto en mucho tiempo desde Amelie.

El show era bastante caro y no generaba suficientes ganancias, slash! cancelado. Al parecer es la maldición del brillante Brian Fuller, jamás puede terminar lo que comienza.

Un rotundo: Cha…le.

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K! March 11, 2010 at 8:11 pm

Excelente para un sadomasoquista, lo cual me hizo recordar un buen chiste:

El masoquista le dice al Sádico: ¡Hazme sufrir!
y el sado le contesta con un rotundo: ¡NO!
a lo que responde el masoquista: ¡Gracias!

Me encantan estas monstruosidades en las que el deseo jamás, de los jamaces sera culminado.

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