Sin City: Oro puro

by Fausto Ponce on November 10, 2007

Fecha: 21/07/2005
Periódico El Economista, sección “La Plaza
Reseña

Comencemos por agradecerle a Robert Rodríguez y a Frank Miller por la calidad de su trabajo. Al primero le agradecemos que se haya apegado a la esencia y circunstancias planteadas en el cómic Sin City (del mismo Miller) y se haya alejado de hacer las cintas tipo Érase una vez en México, y al segundo le agradecemos no haber cedido los derechos de su obra a Hollywood a menos que le dieran la posición de codirector.

El resultado es una joya cinematográfica tanto en lo visual como en lo narrativo, una película próxima a convertirse en cinta de culto al estilo Trainspotting o Pulp Fiction (por cierto, Quentin Tarantino también dirige algunas secuencias).

La ciudad del pecado (Sin City), no sólo es el título de la película, también es el escenario de una serie de historias de personajes perversos, desgraciados y solitarios, cuya vida cambia cuando otro ser humano, del sexo opuesto, les brinda un gesto de cariño. Y es a partir de ese momento que la vida de dichos personajes cobra sentido, aunque esto signifique firmar su propia condena, pues la ciudad es tan cruel que no distingue entre buenos y malos (separados por una línea muy delgada), y pocas veces otorga concesiones.

La película cuenta tres historias: la primera involucra a un policía honesto, Hartigan (Bruce Willis) que salva a la pequeña Nancy (posteriormente Jessica Alba), de las garras de un pedófilo, hijo del político más poderoso de la ciudad. La segunda tiene que ver con uno de los matones más terroríficos y mortíferos que existen, Marv (Mickey Rourke) y a su “amante” (prostituta), asesinada mientras dormía. Marv no descansará hasta vengarla.

Y la tercer y última historia narra las acciones de otro matón (Clive Owen), que busca defender a un grupo de prostitutas que controla el centro de la ciudad -por acuerdo con las autoridades-, y es que un policía muerto en su territorio puede acabar con la autonomía y dignidad de este gremio.

Con un ambiente de film noir, novela detectivesca y violencia sugerida -cuya fuerza tiñe la pantalla de vez en cuando de algún color, las más de las veces en rojo-, se podría pensar que Miller hizo una sublime apología de la violencia, pero La ciudad del pecado va más allá de eso.

Miller se adentra en la profundidad de la conducta del ser humano al poner a toda una ciudad en las garras de la desesperanza y la violencia como forma de vida. Y es en medio de aquél caos que cada ser humano debe probar de qué está hecho, con el propósito de ganarse la redención.

La ciudad del pecado sorprenderá y apasionará a muchos, aunque otros tantos debido sobre todo a la violencia, preferirán ver alguna otra cinta más ligera. (Fausto Ponce)