Reseña
Apro (www.proceso.com.mx)
Fecha: 09/06/2009
Pese a su corte telenovelesco y a su final predecible, Sin nombre, de Cary Fukunaga, es una cinta interesante y bastante redonda que explora, entre otras cosas, la construcción de sentido de un puñado de individuos a través de una historia de amor, fé y esperanza.
Por un lado tenemos a Saira (Paulina Gaitán), una niña centroamericana que decide viajar con su tío como indocumentada para reunirse con su padre en los Estados Unidos.
Y por el otro tenemos a Casper (Edagar Flores), un integrante de la Mara Salvatrucha de la frontera de México y Guatemala, quien recientemente ha comenzado a fantasear con fugarse hacia una nueva vida al lado de su novia Marta Marlene (Diana García), una niña mimada que no conoce mucho acerca de las costumbres de su novio en dicha banda.
Puesto que la Mara Salvatrucha tiene como una de sus actividades, la de ultrajar indocumentados, el destino de Saira y Cásper se unirá prácticamente de manera inevitable. La cuestión es: ¿qué rumbo tomará este encuentro? ¿Será hacia la tierra de la libertad y la esperanza? ¿Hacia el infierno de la pobreza y la desigualdad? O bien, ¿hacia la muerte?
La historia es efectiva, repito, a pesar de su cursilería, puesto que es compleja, y si bien, expone la construcción de sentido en dos ámbitos distintos (el de una familia tradicional y una familia marginal como es una Mara), por medio de los valores que brindan pertenencia, también abarca temas como el amor, la anulación del individuo, el respeto y la lealtad.
Con su realismo sucio, Sin nombre, extiende un amplio abanico de conductas y creencias dignas de un estudio antropológico, pero sin perder la misión de contar una historia en forma.
Sobresalen las actuaciones de Paulina Gaytán y Edgar Flores; mención aparte merecen Kristian Ferrer, quien interpreta a un recién integrado miembro de la Mara (de espíritu infantil y cruel) y Tenoch Huerta quien interpreta a Lil Mago, el despiadado líder de la banda de Cásper. Por otro lado, agradecemos el desnudo de Diana García, aunque debería quitarse el tonito de niña fresa-mimada que exhibe casi en todo lo que hace. (Fausto Ponce)







