Alta Fidelidad
En lo personal, me emociona el momento tecnológico que estamos viviendo en internet: los mp3, las redes sociales, los blogs, etc.. y por su puesto, los iPod: poder tener acceso a tantos títulos y poder llevarlos contigo es impresionante, sin embargo, como en todo, hay un precio que debemos pagar. Por un lado, el intercambio de música ilegal está cambiando la industria musical, pero eso es problema de la industria, finalmente, la música va a seguir existiendo con o sin disqueras, y los artistas han encontrado formas de seguir dando a conocer su música sin grandes sellos discográficos.
Pero hay otro aspecto: la calidad, y no me refiero al artista, sino a la calidad de la grabación. Hace un par de meses, la revista Rolling Stone (edición Diciembre-Enero) sacó un artículo llamado: La muerte de la alta fidelidad, en donde básicamente se nos dice que los mp3 (y en general los archivos digitales) provocan que los ingenieros de audio hagan productos con un volumen sumamente alto (en parte debido a la compresión), que de entrada, llaman la atención, pero que hace que se pierdan muchos matices: los coros suenan igual a los versos, y las partes que deberían escucharse a volumen bajo (las partes calmaditas) suenan igual que cuando el artista emite sendos alaridos.
Joe Levy, columnista de la Rolling, decía que —luego de escuchar el LP, CD y el archivo digital de un disco de LCD Sound System— escuchar un CD y un archivo de audio AAC (de iTunes) era como ver la foto de una pintura. La digitalización ha demeritado la experiencia musical, tan rica en matices, pero ahora, para escuchar música en la computadora o en el iPod, la tendecia era que todo sonara igual de fuerte.
Espero que, como siempre, esto sólo sea una tendencia pasajera, y que poco a poco, habrá iniciativas para rescatar la riqueza musical que alguna vez ostentara la grabación analógica. Pero, retomando a David Byrne en un texto escrito para la revista Wired, con todos y los CD y los mp3 que uno pueda poseer, la experiencia de escuchar a un grupo en vivo sigue siendo insustituible. Y eso es la verdadera escencia de la música, y no un archivo digital o un CD en caja de plástico. (Fausto Ponce)
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