Alta Fidelidad
Hace un par de meses iba en el coche reescuchando el disco Re de Café Tacuba, propiamente la canción de “El baile y el salón”; recordaba qué emotivo estuvo el inicio del concierto por los 15 años de la banda en 2oo4, cuando, poco antes de que los tacubos subieran al escenario, el público comenzó a corear el inicio de la canción… “papárapara eu eeeo” (algo así) y de pronto, ya más entrada la canción, reparé en algo en lo que nunca había reparado, quizá porque no es de mis canciones favoritas, aunque no era la primera vez que había escuchado la melodía.
En ese momento no le di importancia, sin embargo, al momento de llegar a las oficinas de la revista Dónde ir, comencé a tararear el principio. Un compañero me escuchó y de inmediato volteó a verme para decirme:
– Oye, pero ¿qué pedo? Se trata de dos hombres, ¿no?
–Ah, pues sí… — le dije un poco asombrado, aunque ese era el detalle en el que había reparado durante el trayecto en automóvil, pero que había enterrado inconscientemente.
Acto seguido: los dos asentimos y nos pusimos a hacer otras cosas.
¿Por qué cuento esto? Me explico: Hace poco vi un programa en HBO con el comediante Robert Wuhl, una “clase de historia” mezclada con comedia acerca de la conceptualización de la historia (valga la redundancia), donde básicamente, Wuhl deja muy claro que los hechos históricos son selectivos. Es decir, quedaplasmado lo que uno quiere que quede plasmado sin importar si conserva su relación con la realidad.
Wulh pone el ejemplo de “We Will Rock You” de Queen, un himno gay que los Estadounidenses cantan orgullosos en los eventos deportivos, sin reparar en su verdadero significado, de igual forma ocurre con “Yankee Doodle”, una canción despectiva hacia los estadounidenses donde se les llama gays.
Y lo mismo me ocurrió, y también a mi compañero de oficina, con “El baile y el salón”, que aunque sea más explícita en la parte que dice “De hombre a hombre, vu le vue cuche avec moi”, uno va tan divertido con la canción que opta por negar este guiño homoerótico.
Yo había decidido lo que quería escuchar en “El baile y el salón”, hasta que hice consciente la cuestión homosexual, y desde entonces, ya no la canto con la misma emoción puesto que ya no me identifico tanto con ella…
No sé si le pasa a mucha gente, pero dudo que todos aquellos que corearon la canción aquella noche hayan estado conscientes de que “El baile y el salón” es un himno al amor homosexual, estoy casi seguro que casi todos ellos, excepto aquellos que efectivamente eran gays, estaban en completa negación de la verdad.
O a lo mejor sólo me ocurrió a mi y a mi compañero de oficina… ni modo. (Fausto Ponce)
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