Fecha: 13/04/2007
Periódico El Economista, sección “La Plaza”
Reseña
La famosa frase promocional de la cinta Alien, “..en el espacio nadie te oirá gritar”, cae como anillo al dedo a esta agradable cinta, en donde un grupo de astronautas queda totalmente aislados durante una misión para salvar a la tierra, a merced, no de un monstruo espacial, sino de sus propias pasiones, las cuales pueden resultar mucho más aterradoras, y no hay nadie que pueda acudir en su rescate.
Sunshine: Alerta solar (Sunshine, 2007) del cineasta Danny Boyle (Extermino, Trainspotting y Tumba al ras de la tierra), tiene lugar en una época preapocalíptica en la que el Sol está a punto de morir, situación que ha comenzado a poner en riesgo a todo el planeta tierra: nuestro hogar se está enfríando.
Así pues, La Tierra ha enviado a la nave espacial Ícaro para que detone una bomba nuclear en el Sol, con la intención de que se genere una segunda estrella dentro del astro rey. Sin embargo, la Ícaro ha fallado, nadie sabe por qué, por lo que se ha decidido mandar a un Ícaro II.
Al principio, todo parece estar bajo control, sin embargo, las cosas se pondrán un poco tenebrosas para la tripulación multiétnica cuando las comunicaciones con la Tierra queden suspendidas, aunque esto es algo que ya se espera, la soledad y el miedo a lo desconocido se hacen sentir.
Y cuando descubren al Ícaro I relativamente cerca, la situación no pinta bien (algo tiene que pasar si no le película sería aburridísima): se plantea la posibilidad de desviarse para recuperar su bomba nuclear -es casi seguro que su tripulación esté muerta- y aumentar las posibilidades de éxito.
La tripulación es bastante grande, y cada uno de sus miembros tiene, además de una profesión específica, un rasgo de personalidad que marcará de una u otra forma el destino de la misión.
Por ejemplo, tenemos al capitán de la tripulación (Hiroyuki Sanada), un hombre dispuesto a sacrificarse por los suyos, o Mace, el ingeniero con nervios de acero (Chris Evans), dispuesto a sacrificar a quien sea con tal de que la misión se cumpla. Sin embargo, ninguno se desarrolla de manera profunda. Todos son bastante acartonados.
Pero el mero mero es el físico de la nave, el encargado de detonar la bomba, un sujeto silencioso, aparentemente débil, pero de buen corazón, llamado Capa (Cillian Murphy). Es él quien toma la decisión de desviarse para ir al Ícaro y es él quien deberá enmendar los posibles errores.
Si bien existen un par de elementos aterradores, como la destrucción de la Tierra, el silencio espacial que acompaña a los personajes y las pasiones humanas, la cinta es más cercana a una cinta de suspenso con pizcas de thriller que cualquier otra cosa.
Así pues, es gracias a lo anterior que la cinta funciona, pues nos mantiene pegados al asiento, con todo y que al final, tenemos una vuelta de tuerca un poco forzada, más ad hoc a una película serie B, que de un trabajo que apuntaba para ser algo más reflexivo: esta película está a medio camino entre una y otra. (Fausto Ponce)
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