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Danny Boyle

Alta Fidelidad

Odio las películas de zombis; quizá me he tragado enterita la idea de la autodeterminación del individuo que la idea (a nivel conceptual) de que un virus convierta a una bola de seres humanos en monstruos irracionales que matan a otros seres humanos sin razón alguna y que con sólo tocarlos su voluntad se nulifique, me parece infantil… y odio que casi siempre terminen ganando.  Pero puede ser que al mismo tiempo, lo anterior sea una reacción lógica a dichas historias, y que mi odio en verdad sea un mecanismo de defensa para protegerme de algo que me cuesta trabajo aceptar: la películas de zombis en verdad me atemorizan.

Y es que, haciendo un análisis más concienzudo, más allá de las carnicerías que hollywood introduce para generar morbo, esos ejércitos de zombis que se extienden como plagas toman prestado algo de psicología de masas.

Un grupo de seres humanos contagiados por [Lee todo el artículo…]

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TrainspottingParte de lo que propició que Trainspotting (de Danny Boyle; Inglaterra, 1996) fuera un éxito a nivel mundial fue su colorida fachada light que consiguió vendernos a un grupo de drogadictos desdichados como los seres más cool del planeta: todos, incluido Francis Begbie (Robert Carlyle) son sumamente adorables. Pero en el fondo, son realmente patéticos y hasta despreciables: Spud (Ewen Bremner) se caga en la cama, sin mencionar que no va para ningún lado; Begbie es un psicópata que no tiene respeto por nadie, ni por sus amigos; Sick Boy (Jonny Lee Miller) es una lapa, que sólo busca el dinero fácil; Tommy (Kevin McKidd) no puede con el abandono de su novia y se vuelve un adicto cualquiera… el único que se salva es Mark (Ewan McGregor), la voz de la conciencia, quien desea salir “adelante”, desea tener los bienes materiales que tiene todo el mundo, aunque eso (el ser convencional), de alguna manera, suena bastante patético.

La cinta es sumamente divertida (una de mis favoritas, por cierto), pero eventos como el deterioro de Tommy, la tristeza de la madre de Spud, las experiencias cercanas a la muerte de Mark, la muerte del bebé de Sick Boy o la violencia de Begbie, son sumamente impactantes. No hay nada de gracioso en eso, pero el cinismo de los personajes diluye la tragedia.

Por otro lado, intuyo que Boyle cubrió la sordidez de los personajes, no sólo para seducir a grandes audiencias, sino también para evitar caer en un moralismo facilón (lo cual hubiera hundido la cinta): la estafa de Mark a sus amigos es totalmente justificada, es un acto de egoismo, pero era prácticamente, la única salida para entrar a un mundo “normal”. Si Mark no hubiera conservado su cinismo hasta el final, el mundo “normal”, ese en el que “vivimos” (según se nos dice al final), parecería el mejor lugar del planeta, sin embargo, Mark lo reviste con un halo sumamente frívolo, de tal forma, que al parecer el mundo normal es menos jodido (o menos malo) que el mundo en que usualmente vive Mark, es decir, de todos lo males, el menor.

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Fecha: 13/04/2007
Periódico El Economista, sección “La Plaza”
Reseña

La famosa frase promocional de la cinta Alien, “..en el espacio nadie te oirá gritar”, cae como anillo al dedo a esta agradable cinta, en donde un grupo de astronautas queda totalmente aislados durante una misión para salvar a la tierra, a merced, no de un monstruo espacial, sino de sus propias pasiones, las cuales pueden resultar mucho más aterradoras, y no hay nadie que pueda acudir en su rescate.

Sunshine: Alerta solar (Sunshine, 2007) del cineasta Danny Boyle (Extermino, Trainspotting y Tumba al ras de la tierra), tiene lugar en una época preapocalíptica en la que el Sol está a punto de morir, situación que ha comenzado a poner en riesgo a todo el planeta tierra: nuestro hogar se está enfríando.

Así pues, La Tierra ha enviado a la nave espacial Ícaro para que detone una bomba nuclear en el Sol, con la intención de que se genere una segunda estrella dentro del astro rey. Sin embargo, la Ícaro ha fallado, nadie sabe por qué, por lo que se ha decidido mandar a un Ícaro II.

Al principio, todo parece estar bajo control, sin embargo, las cosas se pondrán un poco tenebrosas para la tripulación multiétnica cuando las comunicaciones con la Tierra queden suspendidas, aunque esto es algo que ya se espera, la soledad y el miedo a lo desconocido se hacen sentir.

Y cuando descubren al Ícaro I relativamente cerca, la situación no pinta bien (algo tiene que pasar si no le película sería aburridísima): se plantea la posibilidad de desviarse para recuperar su bomba nuclear -es casi seguro que su tripulación esté muerta- y aumentar las posibilidades de éxito.

La tripulación es bastante grande, y cada uno de sus miembros tiene, además de una profesión específica, un rasgo de personalidad que marcará de una u otra forma el destino de la misión.

Por ejemplo, tenemos al capitán de la tripulación (Hiroyuki Sanada), un hombre dispuesto a sacrificarse por los suyos, o Mace, el ingeniero con nervios de acero (Chris Evans), dispuesto a sacrificar a quien sea con tal de que la misión se cumpla. Sin embargo, ninguno se desarrolla de manera profunda. Todos son bastante acartonados.

Pero el mero mero es el físico de la nave, el encargado de detonar la bomba, un sujeto silencioso, aparentemente débil, pero de buen corazón, llamado Capa (Cillian Murphy). Es él quien toma la decisión de desviarse para ir al Ícaro y es él quien deberá enmendar los posibles errores.

Si bien existen un par de elementos aterradores, como la destrucción de la Tierra, el silencio espacial que acompaña a los personajes y las pasiones humanas, la cinta es más cercana a una cinta de suspenso con pizcas de thriller que cualquier otra cosa.

Así pues, es gracias a lo anterior que la cinta funciona, pues nos mantiene pegados al asiento, con todo y que al final, tenemos una vuelta de tuerca un poco forzada, más ad hoc a una película serie B, que de un trabajo que apuntaba para ser algo más reflexivo: esta película está a medio camino entre una y otra. (Fausto Ponce)

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