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Ewan McGregor

Reflexiones sobre Trainspotting

by Fausto Ponce on March 18, 2008

TrainspottingParte de lo que propició que Trainspotting (de Danny Boyle; Inglaterra, 1996) fuera un éxito a nivel mundial fue su colorida fachada light que consiguió vendernos a un grupo de drogadictos desdichados como los seres más cool del planeta: todos, incluido Francis Begbie (Robert Carlyle) son sumamente adorables. Pero en el fondo, son realmente patéticos y hasta despreciables: Spud (Ewen Bremner) se caga en la cama, sin mencionar que no va para ningún lado; Begbie es un psicópata que no tiene respeto por nadie, ni por sus amigos; Sick Boy (Jonny Lee Miller) es una lapa, que sólo busca el dinero fácil; Tommy (Kevin McKidd) no puede con el abandono de su novia y se vuelve un adicto cualquiera… el único que se salva es Mark (Ewan McGregor), la voz de la conciencia, quien desea salir “adelante”, desea tener los bienes materiales que tiene todo el mundo, aunque eso (el ser convencional), de alguna manera, suena bastante patético.

La cinta es sumamente divertida (una de mis favoritas, por cierto), pero eventos como el deterioro de Tommy, la tristeza de la madre de Spud, las experiencias cercanas a la muerte de Mark, la muerte del bebé de Sick Boy o la violencia de Begbie, son sumamente impactantes. No hay nada de gracioso en eso, pero el cinismo de los personajes diluye la tragedia.

Por otro lado, intuyo que Boyle cubrió la sordidez de los personajes, no sólo para seducir a grandes audiencias, sino también para evitar caer en un moralismo facilón (lo cual hubiera hundido la cinta): la estafa de Mark a sus amigos es totalmente justificada, es un acto de egoismo, pero era prácticamente, la única salida para entrar a un mundo “normal”. Si Mark no hubiera conservado su cinismo hasta el final, el mundo “normal”, ese en el que “vivimos” (según se nos dice al final), parecería el mejor lugar del planeta, sin embargo, Mark lo reviste con un halo sumamente frívolo, de tal forma, que al parecer el mundo normal es menos jodido (o menos malo) que el mundo en que usualmente vive Mark, es decir, de todos lo males, el menor.

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Lucas cierra con broche de oro

by Fausto Ponce on December 23, 2007

Fecha: 16/05/2005
Periódico El Economista, sección “La Plaza”
Reseña

Seamos directos y sinceros: El Episodio III: La venganza de los Sith  (Star Wars: Episode III -  Revenge of the Sith, EU, 2005) es más que una cinta espectacular, épica y emotiva, es la piedra medular de una de las épicas más grandes de la historia de la humanidad, junto con las obras de Homero y El señor de los anillos.

El Episodio III es una obra que no revela nada y sin embargo, dice mucho. Es decir, todos ya sabemos qué pasa; sabemos que Anakin se convierte en Darth Vader, que los Jedis quedan al borde de la extinción, que Lord Sidius se hace presente y que Padmé da a luz a Luke y Leia Skywalker, entre otras cosas.

Y sin embargo, resulta maravillosa.

La última cinta de la saga Star Wars da detalles y llena ciertos huecos, información que, en términos psicológicos, da closure, es decir, cierra el círculo, completa el viaje de un héroe llamado Anakin Skywalker, que se elevó en todo lo alto para caer en las garras del abismo, pero que finalmente, resultó triunfante al acabar con el mal y encontrar la redención.

Con todo y que sabemos lo que sucederá, aún se pueden dar detalles que echarían a perder la cinta, así que lo que el lector sabe de la trama hasta estos momentos es lo necesario, no más, no menos.

Por otro lado, podemos adelantar que lo que se verá en pantalla causará gran conmoción, no sólo por los efectos especiales, sino por la violencia del lado oscuro —George Lucas no muestra imágenes sangrientas, sino que brinda imágenes sutiles, llenas de fuertes connotaciones—, el dolor y la impotencia de los buenos, quienes, al igual que los malos, se nos muestran como seres humanos (o criaturas) con debilidades, aun el gran maestro Yoda.

El Episodio III: La venganza de los Sith es impactante en lo visual, no hay cinta que se le iguale, en la acción y en lo dramático. Después de esta cinta, ninguno de los Episodios podrá verse con los mismos ojos.

Y ahora, pasemos a lo malo de la cinta: El guión presenta algunas inconsistencias, situaciones que se ven un poco forzadas, como la relación de Padmé y Skywalker, que no termina de convencer, lejos está de la tensión entre Leia y Han Solo. Y, por otro lado, están los diálogos, demasiado expositivos, a veces parecen propaganda liberal, lo cual le quita cierto encanto, al igual que el abuso de los comic reliefs (situaciones chuscas) en medio de escenas de tensión. Sin embargo, todo esto resulta peccata minuta, la grandeza está ahí. (Fausto Ponce)

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Una pésima isla

by Fausto Ponce on December 16, 2007

Fecha: 11/8/2005
Periódico El Economista, sección “La Plaza
Reseña

La cinta La isla (The Island, EU, 2005) es un claro ejemplo de cómo una buena idea, o más bien, una idea bien estructurada que podría devenir en una entretenida historia, puede ser convertida en una revenda basura por los caprichos de un director de mediano talento y enamorado de las producciones fastuosas a toda costa, como es el caso de Michael Bay (Pearl Harbor y Armaggedon).

Detrás de La isla, una cinta irregular y torpe con personajes metidos a la fuerza y soluciones que aparecen como un conejo salido de una chistera, yace una angustiante historia futurista, con problemas existenciales a la manera de Blade Runner o Un mundo feliz, donde la ciencia es utilizada para el “bienestar” de unos cuantos, a costa de la vida y dignidad de otros seres humanos.

Todo se desarrolla en lo que parece ser el último reducto de la civilización: una comunidad sumamente controlada en donde los últimos humanos trabajan para la reconstrucción de la sociedad, o más bien, de una nueva sociedad. Ahí adentro tienen todo: trabajo, comida y salud. Su vida no tiene complicaciones a menos que alguien incumpla las normas, como por ejemplo, comer de más, o bien, acercarse demasiado (contacto físico) a otro miembro de la comunidad.

La mayor ilusión de los habitantes de dicha estancia es ganarse “la lotería”, un sorteo en el que el ganador se va a el último lugar de la tierra que no está contaminado que se llama La isla. Los protagonistas son Lincoln Six Echo (Ewan McGregor) y Jordan Two Delta (Scarlett Johansson), dos amigos cercanos, pero no tanto pues está prohibido. El primero comienza a pensar que detrás de toda esa felicidad hay algo extraño, mientras que la segunda se mantiene confiada, con la ilusión de ganar la lotería.

Las cosas cambian cuando, en efecto, Lincon descubre que sí hay algo extraño, algo que amenaza su vida, la de su amada y de todos los habitantes del lugar. Lincon escapa junto con Jordan, pero unos mercenarios harán lo imposible para atraparlos.

Y a partir de este momento, el desarrollo de la trama, que iba bastante bien, se convierte en una persecución casi interminable, vacía e innecesaria, que acaba con todo el drama que se había generado al principio. Y para cuando llega el momento de resolver la trama, las soluciones comienzan a aparecer como por arte de magia y entonces, todo pierde credibilidad.

Pero no resulta extraño cuando sabemos (porque fue publicado en este diario) que el director cambió de guionista o que el papel de Scarlett Johansson no fue el que tenían previsto, o bien, que se tuviera que cambiar el final para dar gusto a la producción, entre otras malas decisiones. (Fausto Ponce)

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El umbral: mucho ojo

by Fausto Ponce on December 8, 2007

Fecha: 08/12/2005
Periódico El Economista, sección “La Plaza
Reseña

Si no fuera por la forma en que el director Marc Forster (Monster, Buscando al País de Nunca Jamás) cuenta esta historia y también gracias al guión de David Benioff, El umbral (Stay, EU, 2005) sería un thriller psicológico más en donde tenemos a un personaje sobre el cual gira toda la trama, pero cuya sanidad mental está en duda. Algo muy visto.

En El umbral, Forster se aleja un poco del drama que caracterizó a sus cintas pasadas para poner énfasis en ciertos trucos visuales, muy sutiles, que son parte crucial de la solución de la cinta y que nos mantienen en suspenso constante: transiciones poco usuales entre escenas y escena, así como elementos fuera de foco, entre otras cosas, darán sentido pero sólo cuando la historia halla terminado. Así que mucho ojo.

La trama gira en torno a un psiquiatra llamado Sam (Ewan McGregor) y a su paciente universitario llamado Henry (Ryan Goslin). Resulta que Sam desea salvar a Henry, pues éste último ha anunciado su pronto suicidio, justo en el día de su cumpleaños número 21.

“¿Cómo?” o “¿por qué?”, son preguntas que Sam deberá investigar, sin embargo, el mundo de Henry lo sumirá en un estado caótico en donde la realidad y la ficción se mezclan. Y hasta ahi se puede decir, pues más información podría echarles a perder la película, pero se puede advertir que el filme requiere de paciencia para ser descifrado. A veces podría recordar al trabajo de David Lynch, pero un poco más coherente.

El desarrollo de la cinta es bastante bueno, sí hay mucho suspenso, aunque con los trucos visuales de Forster basta para mantenernos enganchados por mucho tiempo. El giro del final sorprende; todo encuentra su explicación, aunque ésta podría no ser tan satisfactoria. En ese sentido, se le podría acusar a Foster de ser un “efectista”.

Otro detalle que puede no ser tan satisfactorio es el vínculo que se crea con los personajes, y es que como la estructura es lo primordial, las historias personales pasan a segundo término, cosa que no ocurría en Monster, por ejemplo.

En resumen, buen thriller: sumerge, intriga y sorprende. (Fausto Ponce)

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