Fecha: 08/09/2005
Periódico El Economista, sección “La Plaza”
Reseña
Al igual que lo hiciera con Las aventuras del Baron Munchausen, Terry Gilliam juega otra vez con los límites entre ficción y realidad en esta nueva cinta de aventuras que involucra a los famosos hermanos Grimm, creadores de legendarios cuentos infantiles.
Esta adaptación libre de la vida de los hermanos Grimm (The Brothers Grimm, EU, 2005) transcurre en el siglo XIX, en una Alemania presa de las garras de Napoleón. Wilhelm (Matt Damon) y Jacob Grimm (Heath Ledger) son una suerte de cazafantasmas que se van deshaciendo de terribles espíritus que acosan a diversas poblaciones, pero la realidad es que son un par de charlatanes que se las arreglan para escenificar apariciones, vestidos con ridículas armaduras.
Un oficial de Napoleón descubre las farsas de estos individuos, pero en vez de castigarlos decide mandarlos a una aldea llamada Marbeden en donde varios infantes han desaparecido, y todo parece indicar que el bosque encantado es el culpable.
Los Grimm llegan al lugar como si fueran los amos del mundo, pero se topan con una cruel realidad: el bosque está realmente encantado y en este ambiente, nuestros héroes no son nada más que un par de payasos.
¿Cómo derrotaran estos sujetos a verdaderas entidades mágicas? De entrada tienen de ayuda a una bella cazadora local llamada Angelika (Lena Heady) -quien también es una ermitaña- que parece conocer a la perfección los secretos de este bosque maligno e incluso parece tener una especie de vínculo con él.
Lo más interesante de la cinta es el ambiente (además de los episodios emocionantes que viven los personajes), pues, como Burton, Gilliam gusta de crear escenarios extraordinarios. Tenemos a Monica Bellucci interpretando a una irresistible mujer de 500 años, (cuyos besos pueden matarnos), tenemos lobos monstruosos, príncipes convertidos en sapos y un bosque con vida propia, entre otras cosas.
Gilliam nos introduce a un mundo fantástico en donde las cosas no son lo que parecen ser, retando así toda clase de lógica. Al igual que la mujer del espejo, este mundo “imaginario” se vuelve irresistible y al mismo tiempo peligroso.
La cinta no es propiamente para niños pequeños, y no tanto por la dosis de violencia, sino más bien porque tiene elementos que atañen más a la compresión de adolescentes tempranos y por supuesto a los adultos. (Fausto Ponce)
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