Fecha: 08/02/2008
Periódico El Economista, sección “La Plaza”
Reseña
De una violencia apabullante, la cinta de Joel e Ethan Coen resulta un duro golpe a la conciencia, es desconcertante y desesperanzadora, pero al mismo tiempo deja una puerta abierta a la reflexión sobre un mundo en el cual los valores y las normas parecen ser cosa del pasado.
Con un título atroz en español, debido a su sin sentido, Sin lugar para los débiles (No country for old men) cuenta la historia de un sherif a punto del retiro, Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones) quien se presta a la tarea de perseguir a un asesino serial despiadado y casi invencible, Anton Chigurh (Javier Bardem), quien a su vez perssigue a un lugareño llamadao Lleqelyn Moss (Josh Brolin) pues éste último se llevó dinero (casi por casualidad) de una malograda transacción entre narcotraficantes.
La historia, vista a través de los ojos de Bell, se desarrolla en tres pistas: Por un lado, las conjeturas y acciones del sherif quien trata de entender a su oponente, quien desafía todo lo que sabía acerca de los criminales y del mundo.
Luego, tenemos las acciones silenciosas pero nefastas de Chigurh, quien prácticamente lleva la muerte consigo a donde quiera que va, sin razón aparente más que el placer de matar.
Y por último, tenemos a Llewelyn, quien intenta escapar a toda costa de su perseguidor, mientras trata de mantener a salvo a su esposa. Paradójicamente, Llewelyn, quien siempre había sido un estupendo cazador, se ha convertido en la presa.
Si bien la conexión entre las tres historias es casi obvia, en la práctica, parece que sólo tenemos a tres locos persiguiéndose sin saber a dónde van. Y curiosamente, quien más claro lo tiene es Chigurh, pero para el espectador, sus acciones resultan incomprensibles y al mismo tiempo, terroríficas.
Cabe resalta la fotografía de Roger Deakins, con sus paisajes desérticos, y la actuación de los protagonistas, en especial la de Bardem, quien de verdad hace a uno de los personajes más monstruosos que han existido.
No country for old men (sí, en inglés) es, además de ser una excelente película —de lo mejor de los Coen—, una cinta exigente, de final abierto, que plantea diversas interrogantes que van desde cuestiones existenciales (la vejez de Bell), respuestas sobrel a trama misma (los motivos, tanto de Chigurh como de Moss para actuar como lo hicieron, entre otras cosas), hasta cuestiones sociales acerca de un mundo contemporáneo lleno de violencia y aparentemente sin sentido.
Pero antes de todas estas reflexiones, veremos el drama de un cazador que se ha convertido en presa, y la desesperación de un viejo que no sabe qué hacer con la vida que le espera. Las preocupaciones intelectuales llegarán una vez que la cinta haya terminado. (Fausto Ponce)
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