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Mitología

Deconstruyendo al Señor Soprano

by Fausto Ponce on September 29, 2007

Alta Fidelidad
Fecha: 27 / 07 / 2007

Anthony Soprano está muy lejos de ser una buena persona, de hecho, como decimos en México, es un hijo de la “chingada”, sin embargo, existe una fuerza misteriosa que vuelve a este personaje televisivo un tipo sumamente adorable, de tal forma, que cuesta trabajo desear su muerte con todo y que en el fondo sabemos que la tiene bien merecida.

Como figura narrativa, nuestra afección a Tony Soprano posee diversas lecturas, por un lado, el más superficial, este jefe de la mafia funciona como una especie de modelo aspiracional: tiene dinero, coches lujos, puede acostarse con quien le dé la gana y hacer lo que le dé la gana. Así pues, uno se siente “embriagado de poder”, por decirlo de alguna manera, y es entonces que nos olvidamos de la parte más oscura y sórdida del personaje. Aunado a esto, existe siempre una tensión sumamente excitante: el peligro está latente, y no sólo se relaciona con las víctimas que sufren el yugo de Tony, sino con él mismo, es decir, sabemos que “alguien”, ya sea el FBI u otro rival, puede venir por él, y no hay nada más dulce y confortante, después de tanta adrenalina, que Tony se salga con la suya.

Por otro lado, está la parte social; Tony juega un rol extraño: en un mundo en donde el respeto por los valores tradicionales se tambalea, en donde instituciones como el gobierno o la iglesea, son incapaces de proveer a la gente de lo que necesita, Tony Soprano pone orden, y al final del día, es el padre que mantiene a la familia unida, es el padre que provee seguridad. A simple vista, pareciera que una figura como la de Tony no sólo es necesaria, sino que es sumamente deseable.

Y si excarvamos aún más en el fondo de este personaje, encontramos analogía mitológicas, descubrimos en Tony una extraña combinación: una mezcla de energía titánica con una fuerza ordenadora que mantiene el equilibrio del mundo.

Por el lado titánico, notamos la influencia de Cronos (padre de Zeus) y su fuerza devoradora: Cronos devora a sus hijos y con esto se asegura —siguendo el pensamiento de GF Jünger— de que prevalezca un estado cíclico:

el ciclo del retorno elemental… La rigidez de Cronos reside en el movimiento uniforme, repetido sin variación siguiendo órbitas fijadas de antemano. Cronos se mueve pero concluye nada.

Hay que recordar la constante añoranza de Tony por “the old days”, lo viejos tiempos en los que su padre aún vivía y en donde los hombres se tragaban sus sentimientos y hacían “lo que tenía que hacer” porque eran precisamente eso, hombres. En repetidas ocasiones, Tony se reprocha por ser tan emocional; Tony se rige por reglas establecidas de antemano, reglas y juramentos “antiguos” que estaban ahí mucho antes que él, desde el inicio de su mundo.

Si bien, como nos dice Jünger, “Cronos se mueve pero no concluye nada”, es necesario comentar que Tony sí lo hace, y ahí es cuando entra su lado “Zeus”: el dios hijo de Crono es un principio ordenador, un principio de que da estabilidad; Jünger lo llega a describir como un ser solitario que mira su reino desde la cima de una montaña, y curiosamente, ese es el sentimiento de Tony, se siente solo, en la cima, y es su obligación proveer para sus dos familias y manter la estabilidad, sin embargo, la fuerza de Zeus no es represora, y en muchas ocasiones Tony es lo opuesto, con todo y que gran parte del tiempo funge como negociador para conservar el orden y consiga formar alianzas para que todo se estabilice, pero es caprichoso y cuando las cosas no salen como hubiera querido aparece su lado “devorador”, titánico.

Zeus también posee el poder de exiliar a los otros dioses al Tártaro si es que no siguen su mandato (puede ser terrible, no por nada es el dios del trueno), pero su energía parece no ser tan egoista como a veces funciona la de Tony, quien usualmente rompe reglas para su conveniencia.

Así pues Anthony Soprano no cae bien por ser meramente un sociópata encantador; Hanibal Lecter es en ciertos sentidos encantador, pero brinca de la indetificación a lo espeluznante de tal forma que es fácil desearle la muerte, y así como Hannibal ocurre con muchos villanos más: Tony funge, por un lado como héroe y por otro como villano; oscila entre un mundo de violencia y en un mundo que anhela lo sagrado, entre una fuerza masculina seductora que busca el cumplimiento de la normas y el orden, y un mundo donde la moral no tiene cabida. (Fausto Ponce)

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Alta Fidelidad
Fecha: 02 / 11 / 2006

En fechas recientes se ha venido generando una euforia casi irracional por la figura de El Santo como un valuarte nacional. Y no digo que este luchador popular no hubiera trascendido, al contrario, si no, sería imposible explicarse la existencia de El hijo del Santo, quien hace unos meses abrió una tienda (sumamente kitsch) en la colonia Condesa de la Ciudad de México, en donde vende una amplia gama de playera y diversos accesorios para vestir.

El punto es que ahora, El Santo ya no sólo es un ícono de las masas, sino que se ha vuelto popular en un selecto sector de la clase media e intelectual, El Santo ya no es naco, ahora es cool y todo gracias a sus películas de tres pesos, con malas historias y con monstruos chafísimas, que ayudaron a construir su imagen.

Pero ¿por qué tanto drama? Al fin y al cabo, no será el primero ni el último producto “cultural” chafa, también tenemos las telenovelas, que miles de personas ven en nuestro país y que orgullosamente hemos exportado a [click to continue…]

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Súperman: Lo que queda del hombre de acero

by Fausto Ponce on September 29, 2007

Alta Fidelidad
Fecha: 14 / 07 / 2006

Supermán ha vuelto. Y con él, toda una maquinaria mercadológica que asegurará su éxito en pantalla. Su imagen ha vuelto a inundar los medios de comunicación y su memorabilia acabará llegando a una gigantesca cantidad de niños en todo el mundo y a uno que otro fanático extravagante.

Si bien Supermán, creado por Jerry Siegel en 1933, es visto como un vil producto comercial, proveniente del país más poderoso, amado y odiado del mundo, cabe destacar que su esencia va más allá de la mercadotécnia, ya sea que sus creadores hallan o no tenido intenciones de hacerse ricos.

El hijo de Kryptón posee diversas características que lo sitúan en una amplia gama de héroes milenarios, figuras que se repiten una y otra vez a lo largo de la historia (arquetipos), cargadas de significado o energía psíquica (según la herencia jungiana) que además de cautivar a propios y a extraños, ayudan a darle sentido al mundo.

Joseph Campbell, en su libro El héroe de las mil caras, asentó las bases de la estructura mitológica y encontró un hilo conductor o un modelo universal para todas las mitologías. Un modelo flexible, con las variaciones suficientes para hacernos creer que cada historia desde el Congo hasta Punta del Este, desde China hasta México, es diferente, aunque probablemente, todas sean la misma. Bajo este punto de vista, George Lucas creó Starwars y Disney su Rey León.

El catedrático de la Universidad de Barcelona, Román Gubern, en su libro Máscaras de la ficción (Anagrama, 2002), explora diversos personajes cinematográficos, entre ellos Supermán, y aclara:

comprobé que, salvo por algunos personajes cinematográficos de las últimas tres décadas que el libro examina, ninguno de los restantes que el libro examina, ninguno de los restantes fue producto de un previo diseño de marketing…

Gubern identifica a Supermán con Hércules por su súper fuerza, por Sansón, Aquiles o Sigfrido por su debilidad ante Kriptonita, a Moisés porque fue recogido de un canasto espacial, pero sobre todo a Jesús.

Y es que nuestro héroe tiene un origen extraterráqueo: fue mandado por su padre a un planeta (cuyas condiciones favorecerían su desarrollo) habitado por un grupo de seres que él debía guiar— en Supermán regresa (Superman Returns, EU, 2006) esto queda sumamente marcado—. Es adoptado por una familia humana y no tarda en mostrar sus prodigios desde temprana edad. Posteriormente, cuando su padre terrestre muere, nuestro héroe se lanza a un lugar desolado para después regresar como Supermán, mitad humano (por convicción) y mitad “dios”.

El carácter mesiánico del héroe de rojo y azul es lo que ha cautivado a las audiencias por mucho tiempo, con todo y que su imagen halla sido explotada hasta el hartazgo con el propósito de hacer dinero, reduciendo a nuestro Supermán a un mero estereotipo.

La nueva película, que continúa con la saga de cintas que inmortalizarán a Christopher Reeves en el papel de Supermán, aporta muy poco a la leyenda del hijo de Kryptón, quien sacrificara su vida hace varios años ante un ser llamado Doomsday, en un intento por salvar a la humanidad.

Más allá de todas las críticas posibles a la luz de otros puntos de vista, es importante adentrarse en las profundidades de este mito que tanto ha cautivado a lo largo de los años, para bien o para mal, y que al menos continuará dando de qué hablar hasta 2009, año en que se estrene la secuela de este cinta. (Fausto Ponce)

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