Fecha: 27/04/2007
Periódico El Economista, sección “La Plaza”
Reseña
La historia comienza cuando a Romain (Melvil Poupad), un exitoso joven fotógrafo del mundo de la publicidad, de orientación homosexual, le dan una terrible noticia: padece un cáncer muy avanzado, es decir, va a morir inevitablemente. Y de ahí en adelante, todo lo que vemos en la película es la manera en que el protagonista lidia con esta noticia.
Tiempo de vivir (Le temps qui rest, Francia, 2005), —uno de los peores títulos en español, puesto que brinda una idea contraria de lo que ocurre en pantalla— parece ser una película sin chiste, es decir, desde los primeros minutos sabemos el destino del personaje, y ante este hecho ningún evento será capaz de cambiar su destino o sea, no pasará nada (o casi nada), sin mencionar que el lenguaje visual es muy parco, y en general, las escenas están inundadas con un silencio angustioso.
Pero el “no pasa nada” es sólo una ilusión, en el fondo, existe un dolor latente, casi insoportable y un poco aterrador: Francois Ozon nos brinda los sin sabores de saberse condenado —y de las repercusiones en el entorno— en un mundo cotidiano.
Romain debe lidiar con sus padres, su abuela, con su hermana y con su novio, pero existe un dejo de egoísmo que lo incita a no decirle nada a nadie, y a tragarse todo y a convertirse en una persona sumamente hostil. Romain hará sufrir a muchos.
Pero, ¿podríamos culparlo? Es decir, hablamos de un joven que tiene un brillante futuro por delante y ahora toda posibilidad se ha esfumado: tiene derecho a estar enojado. Y tampoco podemos culparlo por querer estar solo, o quizá, en verdad está solo
El escenario es sumamente funesto, pero aún dentro de esto, Romain hará lo posible para sobrellevar su destino y por encontrar una “solución”. Y finalmente la encuentra —sino ya sería el colmo de lo cotidiano—, y aunque ésta parece insignificante, es quizá lo único que puede calmar su angustia existencial (el planteamiento de la cinta es muy sartreano). Sin embargo, está lejos de ser una muerte ideal, muchos dirían
Con todo y lo funesto del tema, Ozone es cuidadoso en no tirarse al drama, nos identificamos con el personaje y nos compadecemos de él puesto que podría pasarnos a nosotros, pero en el fondo, sigue siendo un desconocido; nos duele su situación, pero Ozone, no nos permite encariñarnos con él.
Una cinta sumamente reflexiva, no apta para quienes busquen melodramas fáciles y de estructura convencional. (Fausto Ponce)







