Tres monos: Un acto de evasión

by on August 24, 2009

in Películas, Placeres culpables

Fecha: 11/08/2009
Reseña
Apro (www.proceso.com.mx)

Un accidente automovilístico es el detonador de una serie de sucesos desafortunados que pondrán en aprietos la unidad y los valores de una familia turca, en esta lenta y desesperante tragicomedia dirigida por Nuri Bilge Ceylan, llamada Tres monos (Üç maymun, Turquía, Francia, Italia-2008).

Todo comienza cuando un político llamado Servet (Ercan Kesal), atropella a un desconocido. La situación es peligrosa para el susodicho, ya que si esto llega a saberse significaría el final de su carrera. Así pues, le pide a su chofer Eyup (Yavuz Bingol), quien ni si quiera estaba con él, que se eche la culpa.

A cambio, Eyup continuará recibiendo su paga, sin mencionar que cuando salga, obtendrá una jugosa cantidad de dinero.

Eyup acepta sin saber que las consecuencias transformarán su vida, la de su esposa Hacer y la de su hijo Ismail (Ahmet Rifat Sungar), para siempre.

Por la trama, uno puede pensar que la historia es un dramón de aquellos, y aunque en parte lo es, el humor ácido del director y su planteamiento frío y distante, suavizan un poco los conflictos.

Lo cual no significa que estemos en presencia de algo ligero, al contrario, en Tres monos se percibe una atmósfera densa, pesada, llena de silencios y tiempos muertos los cuales son sacudidos, muy de vez en cuando, por un chiste oscuro o por una emoción incontrolable.

Los personajes se mueven con pesadez e indecisión, como si fueran guiados por una fuerza ajena que les ha quitado el don de la reflexión y la responsabilidad; sus acciones van dirigidas a la evasión.

Sucesos horribles ocurren y todos, como con la figura de los tres monos (uno se tapa la boca, otro los ojos y el último las orejas), ni hacen ni dicen nada.

El planteamiento del director es preciso, sabe lo que quiere: la cámara actúa como un invitado más que pareciera no querer abusar de la intimidad de los personajes: se mantiene ahí, pero siempre procura mantener su distancia.

La foto es maravillosa, siempre pálida, es el reflejo de la desgraciada vida de los protagonistas; y cuando no está retratando lo que ocurre en la casa de los protagonistas o en algún interior, se da el lujo de presentar escenarios sumamente amplios y desolados…

Por su parte, los actores merecen un aplauso: canalizan sus energías de manera que cuando éstas emergen lo hacen con una fuerza prodigiosa.

Pero existe un gran “Pero”, la cinta arranca de manera sumamente lenta, por momentos predecible, al tiempo que va dejando algunos huecos en la psicología de los personajes, huecos que hasta el final, terminan por llenarse a medias.

Lo que salva a Tres monos es el gran desenlace que cierra a la perfección el círculo vicioso, sin embargo, es posible que para muchos, los primeros minutos se sientan como un abismo insorteable y soporífero, lo suficientemente pesado como para no quererle dar ninguna concesión al desarrollo de la trama. (Fausto Ponce)


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