Fecha: 04/07/2008
Periódico El Economista, sección La Plaza
Reseña
Puede que las películas de Pixar no sean las más taquilleras de la historia —tampoco es que les vaya muy mal, ni nada por el estilo—, pero eso sí, son las más propositivas, no sólo en las cuestiones técnicas sino también en lo conceptual.
Aunque por otro lado, Wall-E podría ser la excepción, pues en su primer fin de semana recaudó alrededor de 80 millones de dólares, cifra nunca antes alcanzada por ninguna película de Pixar.
Wall-E (siglas de Waste Allocation Load Lifter Earth-class) gira en torno a un robot cuya tarea es recoger la basura de una ciudad terrestre y apilarla en largas filas que rivalizan con enormes rascacielos en ruinas. El contexto: desde hace 700 años los humanos abandonaron la tierra pues ya no podí an vivir en ella; Wall-E es el último robot en funcionamiento, tiene por amiga a una cucaracha y uno de sus suvenirs más preciados es un VHS de Hello Dolly.
La “vida” de Wall-E cambia cuando llega a la Tierra una robot, rechoncha y de diseño chic llamada Eve (Extra-terrestrial Vegetation Evaluator), y es cuando Wall-E puede poner en práctica lo que ha visto en la película,claro, de manera ingeniosa pues no habla, sólo emite ruidos tipo R2-D2 (de Starwars), de hecho, Ben Burtt, quien creó los sonidos de R2 es el mismo que hizo lo propio con nuestro amigo de Pixar.
Pero hay más, Eve debe evaluar si existen las condiciones para que los humanos puedan regresar, y de hecho, se da cuenta de que eso es así, por lo que regresa a la nave Axiom (donde residen la humanidad) para avisar de la situación. Wall-E decide seguirla.
Y entonces, nos topamos con una broma cruel del destino: los humanos de Axiom son unos seres gordos, que no se pueden parar de sus sillas, donde se la pasan consumiendo y consumiendo pegados a un monitor.
El meollo del asunto, según el punto de vista del capitán de la nave, es si vale la pena regresar, es decir, ¿los humanos estarán preparados? ¿Se acordarán de su lugar de origen? ¿Les importará?
Con todo y que Wall-E posee un claro corte ecologista con mensaje incluido, los constantes gags visuales (todo el tiempo pasa algo), así como la personalidad de los robots y los minuciosos detalles de los escenarios animados son prioritarios, de tal forma que Wall-E no termina siendo una cinta regañona.
Por supuesto, la falta de diálogos no estorba para nada, pero de lo que no estoy seguro es si los pequeños se la pasarán mejor que Kung Fu Panda, pues la verdad, Wall-E sí requiere un poco de esfuerzo, aunque tampoco se trata de una cinta experimental, como los números en la taquilla lo indican. (Fausto Ponce)






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