Luego de que mi padre regresara de la Alemania Democrática en 1986, me contó una historia que me dejó marcado para siempre. Él decía que cada año ell viejo del mar llegaba al puerto de Rostock, Alemania, a través del rio Warnow, para preguntarle a la ciudad si estaba lista. Si la respuesta era positiva el rio se tragaría a Rostock, pero por el contrario, si aun quedaban obras por terminar en la ciudad, así fuera una piedra mal colocada, el viejo se retiraba hasta el año siguiente.
Pienso que mi padre tenía muy marcada esta historia porque había vivido el sismo del 86 fuera de casa. Por supuesto, lo había experimentado de manera angustiante pues pensaba, por lo que decían los medios de comunicación, que la ciudad de México había quedado destruida. Y quizá por varias horas, mi padre se vio despojado de todo lo que amaba en su vida. Francisco Ponce había viajado a la Alemania Democrática para tomar un curso de administración deportiva por varios meses, y desgraciadamente el curso se empalmó con el mes de septiembre.
A su regreso, mientras mi padre desempacaba y nos mostraba todo lo que había traído para nosotros, me contó esta historia.
La recuerdo ahora porque hasta hace algunas semanas me he dado cuenta que completar tareas, en general, me genera ansiedad, incluso hasta ataques de pánico. Y lo primero que pienso es que si yo acabo esas tareas pendientes me voy a morir. Quiero recalcar que estoy resumiendo los procesos mentales que ocurren en mi cabeza pero en términos generales el cierre de proyectos se vuelve muy complicado para mi.
No he detectado de dónde viene, y no quiero decir que la historia que me contó mi padre haya sido la causante, pero me pasa… siento, en ocasiones, que en cuanto acabe algo puede ocurrir algún evento malo o poco deseable. Insisto en que no siempre ocurre, y cuando ocurre, la intensidad varia: va de la incomodidad a la ansiedad, pasando por la flojera y a veces deriva ene un mini ataque de pánico.
Aun me falta mucho por explorar pero sé que, a pesar de esto, he conseguido terminar ciertos de proyectos laborales y tareas cotidianas, lo cual me da un poco de paz, pero debo reconocer que en muchas ocasiones, esto se vuelve un lastre… y bueno, desde hace varios meses la situación se ha vuelto más pesada.
Ahora bien, me es más fácil enfocarme y ser constante siempre y cuando exista una metodología bien clara, que me funciona cuando estoy trabajando para una empresa y no soy yo mi propio jefe. Si los procesos de trabajo y objetivos no son tan firmes o estables, mis esfuerzos y mi ánimo se diluyen: divago en tareas sin sentido o mi cabeza da vueltas a diversas ideas aleatorias. A veces puedo regresar por fuerza de voluntad, pero siento que la voluntad es como una enredadera, si no tiene por donde subir, si no tiene dónde sostenerse, no podrá subir a ningún lado.
Revisando la historia que me contó mi padre encuentro un significado interesante: la vida misma es una construcción constante, y por más exhaustivo que sea, es en el trabajo de la imperfección o de lo inacabado, que la vida tiene sentido. Porqué de lo contrario, si vivimos con muchos pendientes sin terminar pero no hacemos nada para irlos cerrando, vivos en un letargo que tampoco es disfrutable ni sostenible. Y es que al final, cerrar pendientes nos hace sentir útiles y productivos.
Bajo esta perspectiva ya no me angustia tanto tener varios proyectos o ideas inacabadas, sin embargo, el reto de iniciar ese viaje que me llevará el final es lo que me mantiene buscando estrategias no sólo para arrancar sino para ser constante y un poco más disciplinado.
Aun estoy en el proceso de encontrar una metodología que me ayude a fluir mejor con mi vida cotidiana. De entrada, lo primero que tengo claro es lo siguiente: hacer listas de mis pendientes del día. A ver cómo me va. Y luego, el acercamiento a esa lista en mi día a día se traducirá en: un paso a la vez. Realizar una tarea sencilla y de ahí voy a lo siguiente, para hacer un balance de tareas y resultados al final del día.
Una de las primeras tareas es hacer un replanteamiento de mis proyectos. Comencé con una rescritura de la página About me de faustoponce.com para marcar el rumbo sobre el cual iré trabajando mis proyectos. De ahí actualicé la página Mis proyectos y luego escribí otra página sobre mis sesiones de lectura. Luego cambié Bio de Facebook y de Instagram. Renombré mi podcast llamado XIII a El gabinete del Doctor Fausto y apenas grabaré el primer episodio.
Faltan muchas cosas en todos sentidos. Esto es un poco abrumador pero pensar en la historia del Viejo del mar me reconforta. Ya les iré contando cómo va el proceso.
¿Qué aprendí?
- Que debo hacer listas muy pequeñas de pendientes. No deben ser tareas muy complejas.
- Que debo hacer un lista más grande y ambiciosa sobre proyectos o tareas a iniciar o concluir pensando en que sólo son una guía o incluso una lluvia de ideas y que quizá nada de eso vea la luz.
- Que debo enfrentar cada cosa de la lista con la actitud de: Un paso a la vez
- Reafirmé que ordenar y cerrar proyectos y tareas de todo tipo, al final de toda ansiedad o pánico, me hace sentir vivo.
Nota final
Me constó trabajo encontrar el referente de la historia que me contó mi padre. Busqué por internet por mucho tiempo y no hallaba nada parecido. Fue Gemini de Google quien me ayudó a encontrar la regencia, un poco vaga, pero al menos confirmó lo que mi padre me había dicho. Solo que no encontré que le llamaran El viejo sino El hombre del mar. Es posible que haya más detalles sobre la leyenda de los que me perdí, pero es lo que tengo por ahora hasta no hallar una referencia bibliográfica más sólida.
