Crónica familiar sobre la inauguración del mundial de México 2026. Maná emocionó a todos. Y México ganó contra Sudáfrica.
Aquella mañana del 18 de junio de 1986, alguien tocó a la puerta del salón. La maestra hizo una pausa, era alguien de la dirección de la escuela. No sé qué le dijeron pero de pronto dijo: “Fausto ya te vas. Vinieron por ti”. Y en ese momento entró mi tío Armando. Todo me pareció super raro pero me fui sin chistar. Poco después me enteré que íbamos al Estadio Azteca. Íbamos a un partido del mundial: Paraguay vs Inglaterra. Mi primer mundial.
No recuerdo bien todas las emociones que me generó esa situación pero había mucho asombro ante lo que pasaba. Y no sólo era mi primera vez en un mundial sino también era mi primera vez en un estadio.
Nos sentamos en una de las cabeceras en medio de muchos aficionados paraguayos. Y un puñado de ingleses que estaban justo detrás de mí. No sé por qué, pero desde el inicio quería que ganara Inglaterra. Así que hice todos los aspavientos que se hace cuando se apoya a un equipo. Gracias al álbum oficial del Mundial conocía de nombre a un par de jugadores. Y en el campo de juego pude reconocer a Gary Liniker.
Mentiría si les contara cuáles fueron los goles que me tocaron ahí, pero estoy seguro que al menos fue uno de Liniker. Y ese me emocionó sobremanera. A dos segundos de comenzar ese festejo, uno de mis tíos con los que iba me dijo: “Te hablan”…
Volteé y era uno de los ingleses que quería corear el gol conmigo. Celebramos juntos. Al momento del tercer gol de Inglaterra… volteé yo a ver al inglés y hasta festejamos con abrazo.
Fue muy emocionante serie que formaba parte de algo más grande y que existía cierto tipo de conexión con aquellos sujetos a los que no conocía, de una cultura diferente y de un país extraño. Aunque sea solo por unos momentos.
Días más después, México le ganó a Bulgaria y la Calzada de Tlalpan se llenó de aficionados —entre ellos un servidor—, que cantaban: “El día del padre les dimos en la madre”.
Mexico 86 estuvo lleno de grandes recuerdos y por supuesto, de una gran tristeza cuando Alemania nos eliminó en cuartos de final. Ahora, a cuarenta años de ese momento, resulta emocionante revivir aquellas emociones y volver a emocionarse con una selección que es más ilusión que realidad.
Horas antes de la inauguración no pude evitar asomarme de nuevo por calzada de Tlalpan para ver como pasaban los aficionados para ir al Azteca. Llevé a Lucia y a Gabriel y mi hermano Paco nos acompañó. Lucy estaba asombrada por la gente que gritaba y Gabriel muy emocionado, con ganas de gritar a todo momento ¡Viva México!
Regresamos a casa de mi madre para ver la inauguración, donde creo que Maná fue lo que más emocionó a la gente, y el partido de México vs Sudáfrica. Gabriel esta sumamente emocionado. Y mas le emocionaba, al igual que a Lucy, la idea de que, si México ganaba, pudiéramos salir de nuevo a la calzada de Tlalpan.
Todos en la familia coreamos los goles que dieron la victoria como pocas veces. Al acabar el partido, un conato de lluvia le quitó a mi hijo las ganas de salir a la calle, pero aun así quería salir al patio a pelotear. Para esos momentos, Lucy ya estaba jugando en el cuarto de su abuela.
Amé que mi hijo viera ganar a la selección mexicana así como yo la había visto en México 86. No sé cuánto nos vaya a durar la ilusión, pero la disfrutaremos mientras dure… Pero pase lo que, estoy seguro de que mis hijos lo recordarán con cariño, así como yo recuerdo ese primer mundial.

