“Where do allergies go when its after a show and they want to get something to eat” – Paul Simon, “Allergies”
Mi primer ataque de pánico llegó cuando tenía 12 años. Recuerdo que salía de la escuela y fui a casa de mi abuela, una parada técnica antes de irme a mi casa. Estaba cansado así que me acosté en el cuarto de mi abuelo y de pronto me quedé dormido. Desperté a los pocos minutos, súbitamente… lleno de miedo: algo horrible había hecho, algo horrible me iba a pasar. Incluso perdí la noción de tiempo y lugar. Tarde unos segundos en tranquilizarme y en entender que no pasaba nada malo.
Cuatro años más tarde volví a tener, no un episodio, sino varios… por muchos meses oscilé entré el pánico, la ansiedad y el insomnio hasta que llegué con una psiquiatra. Los episodios disminuyeron drásticamente, pero por varios años los ataques y la ansiedad regresaban por algún tiempo; eran como un equipo bien coordinado, llegaba uno y cuando se iba, el otro hacía el relevo.
Era doloroso y frustrante… sobre todo en las noches cuando quería dormir. No podía… Aun me duele el recuerdo: estaba muy cansado de haber estado en alerta todo el día y aunque al acostarme tuviera sueño, una vez que cerraba los ojos mi cuerpo entraba en modo de alerta. Si tenia suerte, podía dormir un par de horas a las cuatro de la mañana… y así por varios días. ¿Podría haber dormido en la tarde para reponer el sueño? No, tampoco podía.
Tomé tes, dejé el café… y quien sabe cuántas cosas más hice pero nada funcionaba. Pasaron varias semanas hasta que pedí ayuda con un psiquiatra. Los eventos cesaron pero unos años después regresaron un par de veces más en mi vida… yy de nuevo un psiquiatra me ayudó hasta que comencé a adentrarme en el mundo del tarot y entre el esoterismo y una terapeuta llamada Elena, me ayudaron a pasar esta etapa.
Hace algunas semanas volví a experimentar algo parecido, en mucho menor escala, pero me trajo viejos recuerdos: por la madrugada, me he despertado sobresaltado con miedo intenso. Luego de que los ataques de pánico y ansiedad se fueron, había experimentado de vez en cuando pero ahora se había vuelto bastante frecuente…
En uno de esos despertares recordé aquella tarde en casa de mis abuelos y esa primera sensación desagradable… el miedo, la sensación de peligro… Comencé a hacer asociaciones: ¿Qué pensaba? ¿Qué sentía exactamente? Como había comentado al principio, la sensación primaria es que había hecho algo malo y que debía ser castigado. Había mucho miedo pero también mucha culpa.
Lo siguiente era reflexionar sobre algo malo que pudiera haber hecho que me estuviera haciendo sentir así. Y recordé que hacía un par de años antes, estaba en casa de mi abuela con mi mamá. Yo estaba jugando muy a gusto pero ya era hora de irnos. Yo no me quería ir y aunque vivía a cinco minutos caminando, no me podía ir solo a casa. Mi mamá insistía en irnos pero entonces, mi abuelo dijo que él podía acomparme.
Logré quedarme un par de horas más. Y antes de que la luz se fuera, mi abuelo me dijo que era hora de irnos. La tarde estaba fría y nublada… Poco después de llegar a la puerta de mi casa. Comenzó a chispear y minutos después la lluvia había arreciado, esperaba que mi abuelo no se hubiera mojado mucho.
Al día siguiente me enteré de que mi abuelo, a punto de llegar a su casa, se había resbalado a causa de la lluvia. Afortunadamente solo se había lastimado el codo. No recuerdo a quien de mi familia escuche decir que pudo haber sido peor. Por supuesto me sentía horrible: por mi culpa mi abuelo casi se mata, pensaba. Me hacía perfecto sentido que ese primer ataque de pánico se hubiera disparado debido a aquel incidente, pero ¿por qué años después? No lo sé, sólo sé que en cuanto encontré esa asociación, los despertares abruptos terminaron: no había hecho nada malo, así que nada horrible podía pasarme.
Ahora que lo escribo, la anécdota del abuelo parece algo trivial, pero la mente funciona de maneras misteriosas. Estoy seguro que hay muchos otros eventos, pensamiento y emociones que se fueron conjugando en mi infancia, que participaron en ese primer ataque de pánico; en ese y en otros.
Aunque he hecho mucho trabajo personal durante muchos años hay muchas cosas que aun no conozco de mí. Pero lo que rescato de esto es el poder de las asociaciones: siempre que algún evento nos genera una sensación negativa, resulta muy útil revisar que pensamientos y emociones se están desatando, porque en general son pensamientos que están anclados en nuestras inseguridad y en general, no son reales. Cuando entendemos que es nuestro lado negativo el que habla, las emociones se desactivan y podemos encontrar soluciones y puntos de vista más armónicos y funcionales.
Otra coa que me llama la atención, a manera personal, es que tengo por ahí un tema con la muerte, por ejemplo, como lo comentaba anteriormente, me genera cierra ansiedad el hecho de completar tareas o proyectos. Y sí, está ligado a mi noción de complitud y de muerte, como si el hecho de terminar pendientes fuera un llamado rendirle cuentas a San Pedro.
En fin, y ustedes … ¿han vivido ataques de pánico? ¿Despertares abruptos en medio de la noche?
