El infierno que llevamos dentro

Fausto PonceMis artículos en otros mediosLeave a Comment

Reseña publicada originalmente en el periódico El Economista, sección La Plaza el 26 de octubre de 2007. Ésta es una versión del autor.

La cinta 1408, basada en una historia de Stephen King y estelarizada por John Cusack, es una película perturbadora, no tanto por sus escenas terroríficas sino por su planteamiento psicológico donde se sugiere que el peor de los infiernos no es aquel que gobierna Lucifer, sino el infierno personal.

Para lo anterior, el director Mikael Hafstrom se apoya en efectos visuales seductores y alucinaciones angustiantes que giran en torno a la culpa, al dolor y a la paranoia, para crear una pesadilla interminable que hará sufrir a un escritor mediocre llamado Mike Enslin (Cusack).

Nuestro héroe es un sujeto cínico y sin ilusiones, que recientemente se la ha pasado escribiendo una especie de guía sobre los hoteles embrujados de Estados Unidos. Su libro no ha sido muy exitoso, y la explicación parece ser, además de la falta de pasión de Enslin, que él se la pasa desmitificando los hoteles que frecuenta, cuando sus lectores esperarían encontrar un mundo fantástico y macabro, una prueba de la existencia de la vida después de la muerte.

El escepticismo de Enslin será puesto a prueba en el Dolphin Hotel, el cual posee una habitación maldita (1408) en cuyo interior han muerto alrededor de 56 personas en circunstancias misteriosas. Por supuesto, Enslin no se amedrentará por las estadísticas ni por la insistente petición del gerente del Hotel, el señor Olin (Samuel L. Jackson), de mantenerse alejado de dicho cuarto (cuyo número, si se suma, da 13). No es ninguna sorpresa decir que Enslin vivirá cosas espantosas gracias a su atrevimiento.

Como había comentado anteriormente, la tensión yace en la angustia de Enslin, surgida por el choque con sus propios temores, aunque si bien hay una que otra aparición fantasmagórica capaz de sacarle un buen susto al protagonista, ésta no es la parte medular del episodio de terror al que se enfrenta el escritor.

Enslin se verá sumergido en un mundo lleno de dolor, pérdida, insensibilidad, mediocridad y egoísmo, mezclado con paranoia, miedo y un encierro forzoso —entre Poltergeist y El resplandor—, del cual pareciera no haber escapatoria. El cuarto es una especie de verdugo que le dice sus verdades a Enslin, al tiempo que le hace ver su suerte.

La película te atrapa desde el primer momento, más que por el “qué pasará”, que por la simpatía que uno pueda tenerle al Enslin, un sujeto bastante antipático (buena actuación de Cusack), que conforme va pasando la cinta, uno desea que no salga nunca del cuarto.

Mientras uno acepte una que otra convención medio forzada, la película es sumamente disfrutable, pero si uno desea ahondar en detalles descubrirá diversas fallas en el guión, básicamente, una falta de claridad entre las motivaciones y las acciones del protagonista, lo cual resta impacto a la historia, un impacto que pudo haber trascendido la adrenalina y el efectismo visual para convertir 1408 (EU, 2007) en un clásico.

Y sin embargo, la cinta “aguanta” para pasar un rato agradable en el cine.

Por último, cabe mencionar que, curiosamente, la versión del director, con final alternativo (que viene en el DVD, pues la cinta ya salió hace tiempo en Estados Unidos) posee mucha menos coherencia. Del infierno personal de Hafstrom al del estudio, quedó mejor éste último. 

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